"Los católicos en internet debemos construir caminos de evangelización, no de odio e intolerancia".

Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla

Pontificia, Real, Ilustre, Franciscana y Muy Antigua Hermandad del Santo Rosario de la Divina Pastora de las Almas y Redil Eucarístico -CANTILLANA-

domingo, 29 de noviembre de 2015

Tiempo de Adviento, tiempo de espera: "Alegrad vuestros corazones, ya se acerca el Salvador"

El Adviento es el tiempo litúrgico en el cual nos preparamos para celebrar la Navidad, como conmemoración de la primera venida del Hijo de Dios entre los hombres y, a la vez, un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a la segunda venida del Señor Jesús, al final de los tiempos. Por estos dos motivos, el Adviento es un tiempo de alegre y confiada espera.

VENIDA DEL SEÑOR
Ya desde los primeros años de la naciente Iglesia, el término adventus, se empezó a utilizar para designar la venida del Señor Jesús entre los hombres, en aquella doble dimensión de la que hablábamos anteriormente: su venida histórica en la Encarnación y su advenimiento glorioso para coronar su obra reconciliadora en el ultimo día. Ambos aspectos forman parte de un mismo misterio, se exigen mutuamente y se entremezclan continuamente, fundiéndose en una inseparable unidad.

El Adviento nos recuerda ante todo, la dimensión histórico-sacramental de la reconciliación operada por el Señor Jesús. El Dios del Adviento es el Señor de la historia, quien se encarnó en la Virgen de Nazaret, haciéndose en todo semejante a nosotros, menos en el pecado (Heb 4, 15), obteniéndonos el maravilloso don de la reconciliación (2Cor 5, 17s) . Él nos revela que Dios es amor (1Jn 4, 8), a la vez que nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana es el mandamiento nuevo del amor (Jn 15, 12; Gaudium et Spes, 38).

Asimismo, es en el tiempo de Adviento que se evidencia con mayor fuerza la dimensión escatológica, o de las realidades ultimas, del misterio cristiano. Aquella salvación operada una vez y para siempre, alcanza su plenitud al final de los tiempos, cuando el Señor se manifieste coronado de gloria y majestad. El Adviento, pues, nos recuerda que somos peregrinos y que caminamos bajo la guía de Santa María entre la primera venida del Verbo hecho hombre y la segunda y definitiva venida del Señor.

Sin embargo, la toma de conciencia de la dimensión escatológica trascendente de la vida cristiana no disminuye, sino que acrecienta la preocupación por perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana (Gaudium et Spes, 39). Cristo nos pide trabajar por un mundo más humano, en un legitimo anhelo por hacer más llevadera nuestra vida terrena, según su Divino Plan (Gaudium et Spes, 38), a través del servicio evangelizador a los hombres.

ESPERANZA Y CONVERSIÓN
Durante el tiempo de Adviento, estamos especialmente invitados a vivir la atención vigilante y alegre, la esperanza y la conversión. El Adviento celebra al Dios de la Esperanza (Rom 15, 13), viviendo con gozo la esperanza (Rom 8, 24s). La actitud de la esperanza es un rasgo que caracteriza al cristiano porque sabe que Dios es fiel y que en el Señor Jesús ha cumplido sus promesas (2Cor 1, 20). Ahora vemos como en un espejo, pero vendrá el día en que veremos "cara a cara" (1Cor 13, 12). La Iglesia vive esta espera con actitud vigilante y alegre. Por eso reza con gozo: " Ven, Señor Jesus" (Ap 22, 17.20).

El advenimiento del Hijo de Santa María, exige de parte nuestra, una actitud de continua conversión. El tiempo de Adviento es pues, una llamada a la conversión para preparar los caminos del Señor y acoger a ese Señor que viene a poner su morada entre nosotros (Jn 1, 14) y que vendrá nuevamente al final de los tiempos.

LA VOZ DEL PROFETA
En este tiempo litúrgico, aparecen con fuerza dos personajes bíblicos, característicos del Adviento. El primero de ellos es el profeta Isaías. Una antiquísima tradición ha introducido la lectura de este profeta, pues en él brilla con un resplandor especial la esperanza que confortaba al pueblo elegido durante los siglos duros y decisivos de su historia. Sus páginas, leídas durante el Adviento, constituyen un anuncio de esperanza perenne para los hombres de todos los tiempos. Juan Bautista es el último de los profetas y reasume en su persona y en su palabra toda la historia precedente. El Bautista encarna perfectamente el espíritu del Adviento, pues él es el signo de la intervención divina en favor de su pueblo; como precursor del Mesías tiene la misión de preparar los caminos del Señor ( Is 40, 3), de ofrecer a Israel el conocimiento de la salvación (Lc 1, 77s) pero sobre todo de señalar al Señor Jesús ya presente en medio de su pueblo (Jn 1, 29-34).

MADRE DE LA ESPERANZA
El Adviento es el tiempo mariano por excelencia, pues es durante el Adviento que se pone de especial relieve la relación y la cooperación de la Virgen de Nazaret en el misterio de nuestra reconciliación. La misma solemnidad de la Inmaculada Concepción, que celebramos prácticamente al comenzar el Adviento, no es una especie de paréntesis o ruptura dentro de la dinámica de este tiempo, sino que forma parte esencial en la recta comprensión del misterio. En efecto, María Inmaculada es el prototipo de la humanidad redimida y reconciliada, triunfante sobre el pecado, en Cristo Jesús.


Es pues en este tiempo de espera y de presencia donde aparece Santa María, ligada una vez más a la vida del Hijo. Ella es la Madre de la expectación, de la espera gozosa, pero es también la Madre donde la espera se convierte en presencia constante.

María nos enseña cómo debemos esperar y cuál ha de ser nuestra actitud para hacer presente en nuestras vidas y en el mundo al Hijo. Una vez más el Hijo nos lleva a la Madre y la Madre nos muestra plenamente al Hijo presente en su vida. En su espera hay presencia y la presencia impulsa y sostiene la espera del día definitivo.

Santa María, unida plenamente a Jesús en este tiempo de Adviento, nos lleva a seguir el mismo camino y a vivir este tiempo de fe, la esperanza cierta de una presencia del amor que ya esta con nosotros, pero que se realizará totalmente al final de los tiempos con la venida gloriosa de su Hijo Jesucristo.

martes, 17 de noviembre de 2015

Novena de Ánimas



Desde el día 17 hasta el 20, y desde el 23 al 27 de este mes de noviembre se celebrará la Novena de Ánimas en sufragio por los hermanos difuntos de nuestra hermandad, dando comienzo a las 19, 45 horas. El orden de estos cultos que, tendrán lugar en la parroquia, ante la imagen de la Divina Pastora, será el siguiente: rezo del Santo Rosario, letanías a la Divina Pastora, ejercicio de la Novena de Ánimas, Santa Misa y Salve. 




domingo, 15 de noviembre de 2015

Nuestra Hermandad presente en el 525 Aniversario fundacional de la Vera Cruz de Brenes

En el día de hoy, una representación de nuestra Hermandad ha asistido a la procesión extraordinaria de los Sagrados Titulares de la hermandad de la Vera Cruz de Brenes, con motivo de su 525 aniversario fundacional. El Santísimo Cristo de la Vera Cruz ha sido acompañado en su paso procesional por María Santísima de los Dolores en su Soledad, una imagen que no se repetía desde el año 1990, estando el acompañamiento musical a cargo de la Agrupación Musical Vera Cruz de Brenes y de la Banda de Nuestra Señora del Sol de Sevilla.

El Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Caridad es obra de Rafael Barbero Medina (1970), y la imagen de María Santísima de los Dolores en su Soledad, es una obra anónima del siglo XVIII, donada a la hermandad por un hermano en 1941, al haber sido destruidas las primitivas imágenes de la corporación brenera en 1936.












miércoles, 11 de noviembre de 2015

Memoria gráfica (VII)

















La fotografía está tomada en la puerta del Palacio, donde se situó a la Virgen para que tuviera más luz. Antes de ser puesta en el paso, un grupo de hermanas posan a su lado. Entre otras, reconocemos a Carmelita Blázquez, Encarnación Sarmiento Infante, Lola López, Consuelo Martínez y Pepita Espinosa.

(Foto: Olmedo, 1927)


domingo, 8 de noviembre de 2015

El Coro de nuestra hermandad participa hoy en "Yo por Sevillanas"



El Coro de la Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana participa hoy en Sevilla en la manifestación popular "Yo por Sevillanas", una convocatoria que tiene como finalidad la Defensa de las Sevillanas como Identidad Cultural. Los organizadores del evento pretenden que éste sea un día reivindicativo en el que las sevillanas, (cante, danza y música) tomen las calles de Sevilla. Para ello se ha convocado a todas las asociaciones, academias de baile, coros, grupos, solistas, tamborileros y aficionados en general, en los lugares y horas que se detallan a continuación.

Lugares e itinerarios:

1.- Alameda de Hércules (Casa de las Sirenas), Trajano, Duque de la Victoria, Sierpes y Plaza de San Francisco.
2.- Plaza del Altozano, Puente de Triana, Reyes Católicos, San Pablo, Rioja, Tetuán, Tarifa y Plaza de San Francisco.
3.- Prado de San Sebastián (Universidad), San Fernando, Puerta de Jerez, Avenida de la Constitución y Plaza de San Francisco.

Horarios:
11.00 h. Cita en los puntos de salida
11.45h. Marcha desde cada punto de salida
12.30h. Llegada a Plaza de San Francisco
13.00h. Intervenciones para lectura de manifiesto
Final del evento 14:00h.







miércoles, 4 de noviembre de 2015

Nuestra hermandad en los cultos de la Divina Pastora de San Fernando

El pasado 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, la hermandad de la Divina Pastora de San Fernando (Cádiz), pueblo natal de nuestro Hermano Mayor Perpetuo el Beato Marcelo Spínola, celebró el XI aniversario de la Coronación Canónica de la Divina Pastora, con Función Conmemorativa y Solemne Besamanos de la Venerada Imagen, a la que asistió una representación de nuestra Hermandad.






domingo, 1 de noviembre de 2015

Festividad de Todos los Santos y conmemoración de los Fieles Difuntos

En estos días, los cristianos celebramos dos fechas muy señaladas en nuestro calendario. Cada año, el 1 y el 2 de noviembre, miles de personas celebran la festividad de Todos los Santos junto con la conmemoración de los Fieles Difuntos; una ocasión que nos ha de llenar el corazón de inmensa esperanza, aunque la realidad actual muchas veces se nos imponga, trayéndonos un sentido muy distinto a aquel con el que nuestros mayores celebraban estas fiestas religiosas.

La Comunión de los Santos 
(Catequesis de S.S el Papa Francisco)

Hoy me gustaría hablar de una realidad muy bella de nuestra fe, es decir, la comunión de los santos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que este término hace referencia a dos realidades: la comunión en las cosas santas, y la comunión entre las personas santas (núm. 948). Me centro en el segundo significado: es una verdad entre las más reconfortantes de nuestra fe, porque nos recuerda que no estamos solos sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo. Una comunión que nace de la fe; de hecho el término "santos" se refiere a aquellos que creen en el Señor Jesús, y se incorporan a Él en la Iglesia a través del bautismo. Por eso, los primeros cristianos fueron llamados también "los santos" (cf. Hch. 9,13.32.41; Rm. 8,27; 1 Cor. 6,1).


1 . El Evangelio de Juan dice que, antes de su pasión, Jesús oró al Padre por la comunión entre los discípulos con estas palabras: "Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (17,21). La Iglesia, en su verdad más profunda, es comunión con Dios, familiaridad con Dios, una comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna. Esta relación entre Jesús y el Padre es la "matriz" de la unión entre nosotros los cristianos: si estamos íntimamente inseridos en esta "matriz", en este horno ardiente de amor, entonces podemos llegar a ser realmente un solo corazón y una sola alma entre nosotros, porque el amor de Dios incinera nuestro egoísmo, nuestros prejuicios, nuestras divisiones internas y externas. El amor de Dios también incinera nuestros pecados.

2. Si esto tiene su origen en la fuente del amor, que es Dios, entonces también se da el movimiento recíproco: de los hermanos a Dios; la experiencia de la comunión fraterna con Dios me lleva a la comunión con Dios. Estar unidos entre nosotros nos lleva a estar unidos a Dios, nos lleva a esta relación con Dios que es nuestro Padre. Este es el segundo aspecto de la comunión de los santos que me gustaría subrayar: nuestra fe necesita del apoyo de los demás, especialmente en tiempos difíciles. Si estamos unidos la fe se vuelve más fuerte. ¡Qué hermoso es apoyarse mutuamente en la aventura maravillosa de la fe! Digo esto porque la tendencia a refugiarse en lo privado también ha influido en la esfera religiosa, por lo que muchas veces es difícil buscar la ayuda espiritual de aquellos que comparten nuestra experiencia cristiana.

 Todos las hemos experimentado; yo también, forma parte del camino de la fe, del camino de nuestra vida. ¿Quién de nosotros no ha experimentado inseguridad, desconcierto e incluso dudas en el camino de la fe? Todos hemos experimentado esto, también yo: es parte del camino de la fe, es parte de nuestra vida. Todo esto no debe sorprendernos, porque somos seres humanos, marcados por la fragilidad y las limitaciones; todos somos frágiles, todos tenemos límites. Sin embargo, en estos tiempos difíciles hay que confiar en la ayuda de Dios, a través de la oración filial, y al mismo tiempo, es importante encontrar el coraje y la humildad para estar abierto a los demás, para pedir ayuda, para pedir que nos den una mano. ¡Cuántas veces hemos hecho esto, y después hemos sido capaces de salir del problema y encontrar a Dios otra vez! En esta comunión --comunión quiere decir común-unión--, somos una gran familia, donde todos los componentes se ayudan y se apoyan mutuamente.

3. Y ahora llegamos a otro aspecto: la comunión de los santos va más allá de la vida terrena, va más allá de la muerte y dura para siempre. Esta unión entre nosotros, va más allá y continúa en la otra vida; es una unión espiritual que nace del bautismo y no se rompe con la muerte, sino que, gracias a Cristo resucitado, está destinado a encontrar su plenitud en la vida eterna. Hay un vínculo profundo e indisoluble entre los que son todavía peregrinos en este mundo -- incluidos nosotros-- y los que han cruzado el umbral de la muerte para entrar a la eternidad. Todos los bautizados aquí en la tierra, las almas del Purgatorio, y todos los santos que ya están en el Paraíso forman una sola gran familia. Esta comunión entre el cielo y la tierra se realiza sobre todo en la oración de intercesión.

Queridos amigos, ¡tenemos esta belleza! Es nuestra realidad, la de todos, lo que nos hace hermanos, que nos acompaña en el camino de la vida y hace que nos encontremos de nuevo allá en el cielo. Vayamos por este camino con confianza, con alegría. Un cristiano debe ser alegre, con la alegría de tener a tantos hermanos y hermanas bautizados que caminan con él; sostenido por la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que transitan este mismo camino para ir al cielo. Y también con la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que están en el cielo y oran a Jesús por nosotros. ¡Adelante por este camino de felicidad!

     
Conmemoración de los Fieles Difuntos
La tradición de rezar por los difuntos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios. A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos. Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.

La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna.

Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”. (CEC 1479)