Pontificia, Real, Ilustre, Franciscana y Muy Antigua Hermandad del Santo Rosario de la Divina Pastora de las Almas y Redil Eucarístico -CANTILLANA-

domingo, 12 de marzo de 2017

Evangelio y reflexión del segundo domingo de Cuaresma


Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):


"En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.  Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» 

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".

Reflexión
 Jesús quería infundir en sus apóstoles una gran fortaleza de ánimo y de una constancia que les permitirían coger su cruz sin temor, a pesar de su aspereza. También quería que no se avergonzaran de sus suplicios, que no consideraran como una vergüenza la paciencia con la que aceptaría su pasión tan cruel, sin perder nada de la gloria de su poder. Jesús “tomó a Pedro, Santiago y Juan y los llevó a una montaña alta y se transfiguró delante de ellos.” (cf Mt 17,2ss) Aunque habían comprendido que la majestad divina estaba en él, ignoraban todavía el poder que quedaba velada por el cuerpo...

 El Señor manifiesta su gloria delante de testigos que había escogido, y sobre su cuerpo, parecido al nuestro, se extiende un resplandor tal “que su rostro  parecía brillante como el sol y sus vestidos blancos como la luz.” (cf Mt 17,4ss) Sin duda, esta transfiguración tenía por meta quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz, no hacer tambalear su fe por la humildad de la pasión voluntariamente aceptada... Pero esta revelación también infundía en su Iglesia  la esperanza que tendría que sostener a lo largo del tiempo. Todos lo miembros de la Iglesia, su Cuerpo, comprenderían así la transformación que un día se realizaría en ellos, ya que los miembros van a participar de la gloria de su Cabeza. El mismo Señor había dicho, hablando de la majestad de su venida: “Entonces, los justos brillarán como el sol en el reino de mi Padre.” (Mt 13,43) Y el apóstol Pablo afirma: “Los sufrimientos del mundo presente no pesan lo que la gloria que se revelará en nosotros.” (cf Rm 8,18)... También exclamó: “Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en dios; cuando aparezca Cristo, vuestra vida, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él.” (Col 3,3-4)
San León Magno (¿-c.461), Papa y doctor de la Iglesia
Homilía 51/38, sobre la Transfiguración

viernes, 10 de marzo de 2017

III Taller de palmas rizadas


Por tercer año consecutivo hemos organizado un taller de elaboración de palmas rizadas. El curso, impartido por monitores de nuestra hermandad, tendrá lugar en el Hospital de todos los Santos durante los días 30 y 31 de marzo , (jueves y viernes) de 18 a 21 hs., y 1 de abril (sábado) de 10 a 14 hs.

El precio es de 20 euros, en el que se incluye la palma que los participantes se podrán llevar una vez finalizado el taller.

Los interesados podrán inscribirse en la Casa Hermandad (de lunes a viernes) de 20 a 22 hs., o en el teléfono 677593715.

Organiza: Pontificia, Real, Ilustre, Franciscana y Muy Antigua Hermandad del Santo Rosario de la Divina Pastora de las Almas y Redil Eucarístico, de Cantillana.

domingo, 5 de marzo de 2017

Una nueva Cuaresma

Con la imposición de la ceniza comenzábamos el pasado miércoles el tiempo de Cuaresma. En ella nos preparamos a celebrar el Misterio Pascual. Su duración de cuarenta días evoca el periodo que pasó Jesús en el Monte de la Cuarentena, orando y ayunando, antes de emprender su misión salvadora.

Como Jesús, también nosotros emprendemos un camino de ascesis, interioridad y oración para dirigirnos espiritualmente al Calvario, meditando y reviviendo los misterios centrales de nuestra fe. De este modo, celebrando el misterio de la Cruz, nos prepararemos para gozar de la alegría de la Resurrección.

El pasado miércoles participábamos en un rito lleno de simbolismo, la imposición de la ceniza, que contiene una llamada apremiante a reconocernos pecadores, a rasgar nuestros corazones, como nos pedía el profeta Joel, a convertirnos y a volver al Señor. Se nos invitaba a convertirnos y a creer en el Evangelio, a adherirnos de forma radical e irrevocable al Señor y a buscar en la Palabra de Dios el alimento de nuestra fe y de nuestra vida cristiana en este tiempo santo.

Éste es el único programa posible en nuestra Cuaresma: escuchar la Palabra de la verdad que salva, vivir en la verdad, decir y hacer la verdad, rechazar la mentira que es siempre el pecado. Es necesario, por tanto, volver a escuchar en estos cuarenta días el Evangelio, la Palabra de la verdad, para vivirla y ser sus testigos. La Cuaresma nos invita a dejar que la Palabra de Jesús y su Evangelio penetren en nosotros, para de este modo, conocer la verdad más auténtica de nuestra vida: quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, cuál es el supremo valor por el que nos levantamos cada mañana, luchamos y sufrimos, cuál es el camino que debemos tomar en la vida para no malbaratarla ni perderla.

El tiempo santo de Cuaresma y la severidad de la liturgia de este tiempo nos ofrecen un programa ascético que debe llevarnos a la conversión del corazón, a través de la oración más dilatada, constante y sosegada; a través del silencio y el desierto, que nos ayudan a entrar dentro de nosotros mismos para reconocer nuestro pecado y para abrir el corazón al amor misericordioso de Dios; a través del ayuno y la mortificación voluntaria que nos une a la Pasión de Cristo; y a través de la limosna discreta y silenciosa, sólo conocida por el Padre que ve en lo secreto.

Llamo vuestra atención sobre el valor cristiano del ayuno, que en nuestros días en muchos ambientes cristianos casi ha llegado a desaparecer. Al mismo tiempo, ha ido acreditándose como una medida terapéutica, conveniente para el cuidado del propio cuerpo y como fuente de salud. La Cuaresma, sin negar estas virtualidades, nos depara la oportunidad de recuperar el auténtico significado de esta antigua práctica penitencial, que nos ayuda a mortificar nuestro egoísmo, a romper con los apegos que nos separan de Dios, a controlar nuestros apetitos desordenados y a ser más receptivos a la gracia de Dios. El ayuno contribuye a afianzar nuestra conversión al Señor y a nuestros hermanos.

Por otra parte, la práctica voluntaria del ayuno nos permite caer en la cuenta de la situación en que viven muchos hermanos nuestros, casi un tercio de la humanidad, que se ven forzados a ayunar como consecuencia de la injusta distribución de los bienes de la tierra y de la insolidaridad de los países ricos. Desde la experiencia ascética del ayuno, y por amor a Dios, hemos de inclinarnos como el Buen Samaritano sobre los hermanos que padecen hambre, para compartir con ellos nuestros bienes. Y no sólo aquellos que nos sobran, sino también aquellos que estimamos necesarios. Con ello demostraremos que nuestros hermanos necesitados no nos son extraños, sino alguien de nuestra familia, alguien que nos pertenece.

En la antigüedad cristiana se daba a los pobres el fruto del ayuno. En estos momentos no faltan voces que nos advierten que la crisis económica ya está superada. Sin embargo, los pobres siguen estando ahí, en nuestros barrios y en nuestros pueblos. Hemos, pues, de redescubrir y promover esta práctica penitencial de la primitiva Iglesia. Por ello, os pido a todos, que junto a las prácticas cuaresmales tradicionales, la oración, la escucha de la palabra de Dios, y la mortificación, intensifiquéis el ayuno personal y comunitario, destinando a los pobres, a través de nuestras Caritas y Manos Unidas, aquellas cantidades que gracias al ayuno podamos entregar.

Quiera Dios que aprovechemos de verdad este tiempo de gracia y salvación. Que no echemos en saco roto la gracia que el Señor quiere derramar sobre nosotros con las prácticas cuaresmales. Que nos dejemos reconciliar con Dios, como nos pide san Pablo. Que la Santísima Virgen nos sostenga en el empeño de liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado, nos aliente en nuestra conversión al Señor y a nuestros hermanos y nos conceda una Cuaresma fructuosa y santa.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

sábado, 25 de febrero de 2017

Viaje cultural a Écija

Martes, 28 de febrero, Día de Andalucía.
Salida: 8 de la mañana desde la Puerta de Malara.
Precio: 45 euros (almuerzo incluido y visitas guiadas a los monumentos).
Organiza: Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana.


 

lunes, 30 de enero de 2017

Fiesta de las Candelas 2017


SÁBADO 4 DE FEBRERO, ALDEA DE LA DIVINA PASTORA

PEREGRINACIÓN DE LA PONTIFICIA Y REAL HERMANDAD DE LA DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS A SU SANTUARIO, PARA CONMEMORAR LA FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO Y PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA  ( VULGO DE LA CANDELARIA)

A las cuatro y media de la tarde, salida de la hermandad pastoreña desde la Casa Hermandad para dirigirse al santuario de la Divina Pastora, acompañados por la Escuela de Tamborileros y el Coro de la Hermandad.

A las siete de la tarde, tendrá lugar la presentación y consagración a la Virgen, de los niños de la hermandad nacidos el pasado año, a los que se les impondrá la medalla.

Se recuerda que es obligatorio, que los niños estén  bautizados e inscritos en la Hermandad con antelación a esta celebración.

LA JUNTA DE GOBIERNO, CANTILLANA 2017

domingo, 15 de enero de 2017

Triduo al Beato Marcelo Spínola


LA PONTIFICIA, REAL, ILUSTRE, FRANCISCANA Y MUY ANTIGUA
HERMANDAD DEL SANTO ROSARIO DE LA
Divina Pastora de las Almas
Y REDIL EUCARÍSTICO, 
fundada en el año del Señor de 1720 por el V. P. fray Isidoro de Sevilla, erigida y establecida canónicamente, y con la aprobación del Real y Supremo Consejo de Castilla, en la Iglesia Parroquial de esta villa, donde posee capilla propia, adherida espiritualmente con carta de Hermandad a la Orden Capuchina y de la que es Hermano Mayor Honorario S. M. Don Juan Carlos I, Rey de España,
 celebrará en cumplimiento de sus Reglas
DEVOTO TRIDUO
en honor de su muy querido Hermano Mayor Perpetuo el
Beato Marcelo Spínola  y Maestre,
Cardenal Arzobispo de Sevilla, 
durante los días
17,18 y 19 de enero.
Los cultos tendrán lugar en la Iglesia Parroquial de esta Villa, en el altar de la Divina Pastora, dando comienzo a las 7 de la tarde, con el siguiente orden:
Rezo del Santo Rosario, Letanías a la Divina Pastora, Ejercicio del Triduo y Santa Misa.
A la terminación de la Santa Misa se cantará la Salve a la Divina Pastora.

El día 19 a las 7 de la tarde tendrá lugar la
FUNCIÓN SOLEMNE
Oficiada por nuestro párroco y director espiritual el
Rvdo. Sr. D. Antonio Guerra Milla, Pbro.

Al terminar la Santa Misa de ese día, se dará a besar la sagrada reliquia del Beato que custodia esta Hermandad, la cual se hallará expuesta durante los días del triduo a la pública veneración de todos los fieles en el altar de la Divina Pastora.

CANTILLANA                                                                         ENERO 2017

viernes, 6 de enero de 2017

Solemnidad de la Epifanía del Señor


«¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella y hemos venido a adorarlo» (Mt 2,2).

Con estas palabras, los magos, venidos de tierras lejanas, nos dan a conocer el motivo de su larga travesía: adorar al rey recién nacido. Ver y adorar, dos acciones que se destacan en el relato evangélico: vimos una estrella y queremos adorar.

Estos hombres vieron una estrella que los puso en movimiento. El descubrimiento de algo inusual que sucedió en el cielo logró desencadenar un sinfín de acontecimientos. No era una estrella que brilló de manera exclusiva para ellos, ni tampoco tenían un ADN especial para descubrirla.

Como bien supo decir un padre de la Iglesia, «los magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino» (cf. San Juan Crisóstomo). Tenían el corazón abierto al horizonte y lograron ver lo que el cielo les mostraba porque había en ellos una inquietud que los empujaba: estaban abiertos a una novedad.

Los magos, de este modo, expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del que añora su casa, la patria celeste. Reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el corazón.

La santa nostalgia de Dios brota en el corazón creyente pues sabe que el Evangelio no es un acontecimiento del pasado sino del presente. La santa nostalgia de Dios nos permite tener los ojos abiertos frente a todos los intentos reductivos y empobrecedores de la vida. La santa nostalgia de Dios es la memoria creyente que se rebela frente a tantos profetas de desventura. Esa nostalgia es la que mantiene viva la esperanza de la comunidad creyente la cual, semana a semana, implora diciendo: «Ven, Señor Jesús».

Precisamente esta nostalgia fue la que empujó al anciano Simeón a ir todos los días al templo, con la certeza de saber que su vida no terminaría sin poder acunar al Salvador. Fue esta nostalgia la que empujó al hijo pródigo a salir de una actitud de derrota y buscar los brazos de su padre. Fue esta nostalgia la que el pastor sintió en su corazón cuando dejó a las noventa y nueve ovejas en busca de la que estaba perdida, y fue también la que experimentó María Magdalena la mañana del domingo para salir corriendo al sepulcro y encontrar a su Maestro resucitado.

La nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar. La nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometernos por ese cambio que anhelamos y necesitamos. La nostalgia de Dios tiene su raíz en el pasado pero no se queda allí: va en busca del futuro. Al igual que los magos, el creyente «nostalgioso» busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera su Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar.

Como actitud contrapuesta, en el palacio de Herodes ?que distaba muy pocos kilómetros de Belén?, no se habían percatado de lo que estaba sucediendo. Mientras los magos caminaban, Jerusalén dormía. Dormía de la mano de un Herodes quien lejos de estar en búsqueda también dormía. Dormía bajo la anestesia de una conciencia cauterizada. Y quedó desconcertado. Tuvo miedo. Es el desconcierto que, frente a la novedad que revoluciona la historia, se encierra en sí mismo, en sus logros, en sus saberes, en sus éxitos. El desconcierto de quien está sentado sobre su riqueza sin lograr ver más allá. Un desconcierto que brota del corazón de quién quiere controlar todo y a todos. Es el desconcierto del que está inmerso en la cultura del ganar cueste lo que cueste; en esa cultura que sólo tiene espacio para los «vencedores» y al precio que sea. Un desconcierto que nace del miedo y del temor ante lo que nos cuestiona y pone en riesgo nuestras seguridades y verdades, nuestras formas de aferrarnos al mundo y a la vida. Y Herodes tuvo miedo, y ese miedo lo condujo a buscar seguridad en el crimen: «Necas parvulos corpore, quia te necat timor in corde» (San Quodvultdeus, Sermo 2 sobre el símbolo: PL, 40, 655).

Queremos adorar. Los hombres de Oriente fueron a adorar, y fueron a hacerlo al lugar propio de un rey: el Palacio. Allí llegaron ellos con su búsqueda, era el lugar indicado: pues es propio de un rey nacer en un palacio, y tener su corte y súbditos. Es signo de poder, de éxito, de vida lograda. Y es de esperar que el rey sea venerado, temido y adulado, sí; pero no necesariamente amado. Esos son los esquemas mundanos, los pequeños ídolos a los que le rendimos culto: el culto al poder, a la apariencia y a la superioridad. Ídolos que solo prometen tristeza y esclavitud.

Y fue precisamente ahí donde comenzó el camino más largo que tuvieron que andar esos hombres venidos de lejos. Ahí comenzó la osadía más difícil y complicada. Descubrir que lo que ellos buscaban no estaba en el palacio sino que se encontraba en otro lugar, no sólo geográfico sino existencial. Allí no veían la estrella que los conducía a descubrir un Dios que quiere ser amado, y eso sólo es posible bajo el signo de la libertad y no de la tiranía; descubrir que la mirada de este Rey desconocido ?pero deseado? no humilla, no esclaviza, no encierra. Descubrir que la mirada de Dios levanta, perdona, sana. Descubrir que Dios ha querido nacer allí donde no lo esperamos, donde quizá no lo queremos. O donde tantas veces lo negamos. Descubrir que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos, los cansados, los maltratados y abandonados: que su fuerza y su poder se llama misericordia. Qué lejos se encuentra, para algunos, Jerusalén de Belén.

Herodes no puede adorar porque no quiso y no pudo cambiar su mirada. No quiso dejar de rendirse culto a sí mismo creyendo que todo comenzaba y terminaba con él. No pudo adorar porque buscaba que lo adorasen. Los sacerdotes tampoco pudieron adorar porque sabían mucho, conocían las profecías, pero no estaban dispuestos ni a caminar ni a cambiar.

Los magos sintieron nostalgia, no querían más de lo mismo. Estaban acostumbrados, habituados y cansados de los Herodes de su tiempo. Pero allí, en Belén, había promesa de novedad, había promesa de gratuidad. Allí estaba sucediendo algo nuevo. Los magos pudieron adorar porque se animaron a caminar y postrándose ante el pequeño, postrándose ante el pobre, postrándose ante el indefenso, postrándose ante el extraño y desconocido Niño de Belén descubrieron la Gloria de Dios.

Homilía del Papa Francisco para la Solemnidad de la Epifanía de Señor. 6 de enero de 2017.

domingo, 1 de enero de 2017

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

«Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19). Así Lucas describe la actitud con la que María recibe todo lo que estaban viviendo en esos días.

Lejos de querer entender o adueñarse de la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su Pueblo. Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia.

Aprendió a ser madre y, en ese aprendizaje, le regaló a Jesús la hermosa experiencia de saberse Hijo. En María, el Verbo Eterno no sólo se hizo carne sino que aprendió a reconocer la ternura maternal de Dios. Con María, el Niño-Dios aprendió a escuchar los anhelos, las angustias, los gozos y las esperanzas del Pueblo de la promesa.

Con ella se descubrió a sí mismo Hijo del santo Pueblo fiel de Dios. En los evangelios María aparece como mujer de pocas palabras, sin grandes discursos ni protagonismos pero con una mirada atenta que sabe custodiar la vida y la misión de su Hijo y, por tanto, de todo lo amado por Él. Ha sabido custodiar los albores de la primera comunidad cristiana, y así aprendió a ser madre de una multitud.

Ella se ha acercado en las situaciones más diversas para sembrar esperanza. Acompañó las cruces cargadas en el silencio del corazón de sus hijos. Tantas devociones, tantos santuarios y capillas en los lugares más recónditos, tantas imágenes esparcidas por las casas, nos recuerdan esta gran verdad. María, nos dio el calor materno, ese que nos cobija en medio de la dificultad; el calor materno que permite que nada ni nadie apague en el seno de la Iglesia la revolución de la ternura inaugurada por su Hijo. Donde hay madre, hay ternura.

Y María con su maternidad nos muestra que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, nos enseña que no es necesario maltratar a otros para sentirse importantes (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 288). Y desde siempre el santo Pueblo fiel de Dios la ha reconocido y saludado como la Santa Madre de Dios.

Celebrar la maternidad de María como Madre de Dios y madre nuestra, al comenzar un nuevo año, significa recordar una certeza que acompañará nuestros días: somos un pueblo con Madre, no somos huérfanos.

Las madres son el antídoto más fuerte ante nuestras tendencias individualistas y egoístas, ante nuestros encierros y apatías. Una sociedad sin madres no sería solamente una sociedad fría sino una sociedad que ha perdido el corazón, que ha perdido el «sabor a hogar».

Una sociedad sin madres sería una sociedad sin piedad que ha dejado lugar sólo al cálculo y a la especulación. Porque las madres, incluso en los peores momentos, saben dar testimonio de la ternura, de la entrega incondicional, de la fuerza de la esperanza.

He aprendido mucho de esas madres que teniendo a sus hijos presos, o postrados en la cama de un hospital, o sometidos por la esclavitud de la droga, con frio o calor, lluvia o sequía, no se dan por vencidas y siguen peleando para darles a ellos lo mejor. O esas madres que en los campos de refugiados, o incluso en medio de la guerra, logran abrazar y sostener sin desfallecer el sufrimiento de sus hijos.

Madres que dejan literalmente la vida para que ninguno de sus hijos se pierda. Donde está la madre hay unidad, hay pertenencia, pertenencia de hijos.

Comenzar el año haciendo memoria de la bondad de Dios en el rostro maternal de María, en el rostro maternal de la Iglesia, en los rostros de nuestras madres, nos protege de la corrosiva enfermedad de «la orfandad espiritual», esa orfandad que vive el alma cuando se siente sin madre y le falta la ternura de Dios.

Esa orfandad que vivimos cuando se nos va apagando el sentido de pertenencia a una familia, a un pueblo, a una tierra, a nuestro Dios.

Esa orfandad que gana espacio en el corazón narcisista que sólo sabe mirarse a sí mismo y a los propios intereses y que crece cuando nos olvidamos que la vida ha sido un regalo —que se la debemos a otros— y que estamos invitados a compartirla en esta casa común.

Tal orfandad autorreferencial fue la que llevó a Caín a decir: «¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9), como afirmando: él no me pertenece, no lo reconozco. Tal actitud de orfandad espiritual es un cáncer que silenciosamente corroe y degrada el alma.

Y así nos vamos degradando ya que, entonces, nadie nos pertenece y no pertenecemos a nadie: degrado la tierra, porque no me pertenece, degrado a los otros, porque no me pertenecen, degrado a Dios porque no le pertenezco, y finalmente termina degradándonos a nosotros mismos porque nos olvidamos quiénes somos, qué «apellido» divino tenemos.

La pérdida de los lazos que nos unen, típica de nuestra cultura fragmentada y dividida, hace que crezca ese sentimiento de orfandad y, por tanto, de gran vacío y soledad. La falta de contacto físico (y no virtual) va cauterizando nuestros corazones (cf. Carta enc. Laudato si’, 49) haciéndolos perder la capacidad de la ternura y del asombro, de la piedad y de la compasión.

La orfandad espiritual nos hace perder la memoria de lo que significa ser hijos, ser nietos, ser padres, ser abuelos, ser amigos, ser creyentes. Nos hace perder la memoria del valor del juego, del canto, de la risa, del descanso, de la gratuidad.

Celebrar la fiesta de la Santa Madre de Dios nos vuelve a dibujar en el rostro la sonrisa de sentirnos pueblo, de sentir que nos pertenecemos; de saber que solamente dentro de una comunidad, de una familia, las personas podemos encontrar «el clima», «el calor» que nos permita aprender a crecer humanamente y no como meros objetos invitados a «consumir y ser consumidos».

Celebrar la fiesta de la Santa Madre de Dios nos recuerda que no somos mercancía intercambiable o terminales receptoras de información. Somos hijos, somos familia, somos Pueblo de Dios.

Celebrar a la Santa Madre de Dios nos impulsa a generar y cuidar lugares comunes que nos den sentido de pertenencia, de arraigo, de hacernos sentir en casa dentro de nuestras ciudades, en comunidades que nos unan y nos ayudan (cf. Carta enc. Laudato si’, 151).

Jesucristo en el momento de mayor entrega de su vida, en la cruz, no quiso guardarse nada para sí y entregando su vida nos entregó también a su Madre. Le dijo a María: aquí está tu Hijo, aquí están tus hijos.

Y nosotros queremos recibirla en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros pueblos. Queremos encontrarnos con su mirada maternal. Esa mirada que nos libra de la orfandad; esa mirada que nos recuerda que somos hermanos: que yo te pertenezco, que tú me perteneces, que somos de la misma carne. Esa mirada que nos enseña que tenemos que aprender a cuidar la vida de la misma manera y con la misma ternura con la que ella la ha cuidado: sembrando esperanza, sembrando pertenencia, sembrando fraternidad.

Celebrar a la Santa Madre de Dios nos recuerda que tenemos Madre; no somos huérfanos, tenemos una Madre. Confesemos juntos esta verdad. Y los invito a aclamarla tres veces como lo hicieron los fieles de Éfeso: Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios.

(Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios. 1 de Enero de 2017)
 
 



sábado, 24 de diciembre de 2016

Cultos con motivo de las Fiestas de Navidad



LA PONTIFICIA, REAL. ILUSTRE, FRANCISCANA Y
MUY ANTIGUA HERMANDAD DEL SANTO ROSARIO DE LA
DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS
Y REDIL EUCARÍSTICO,
celebrará los siguientes cultos y actos con motivo de las
FIESTAS DE NAVIDAD

Día 25 de diciembre, Solemnidad de la Natividad del Señor: A las 12 del mediodía se celebrará
en el Santuario de la Divina Pastora la Misa Solemne, oficiada por el párroco de Cantillana
y cantada por el Coro de la Hermandad.

A continuación de la Misa, y durante todo el día, quedará expuesto en
DEVOTO BESAPIÉS LA VENERADA IMAGEN DEL
DIVINO PASTOR DE LAS ALMAS.

En las Solemnidades de Santa María Madre de Dios, 1 de enero, y de la Epifanía, 6 de enero,
se celebrará la Santa Misa en el Santuario a las 12 del mediodía.

El Belén de la Ermita se podrá visitar todos los Festivos del Ciclo Navideño.

CANTILLANA                                                DICIEMBRE, 2016



"APACIENTA TU PUEBLO CON TU CAYADO,
EL REBAÑO DE TU HEREDAD" (Miq 7, 14)




sábado, 17 de diciembre de 2016

Felicitación de Navidad

























"EN BELÉN BROTÓ UNA FLOR,
LA LUZ QUE NOS ILUMINA,
Y ASÍ NACIÓ EL NIÑO DIOS
DE UNA PASTORA DIVINA"


                    (Daniel Pineda Novo)


El Hermano Mayor y la Junta de Gobierno
de la Hermandad de la Divina Pastora
les desa una feliz Navidad y un
venturoso Año Nuevo.

Cantillana, diciembre de 2016.


viernes, 16 de diciembre de 2016

Romeras Mayor e Infantil y Damas de la Romería 2017

En la noche de hoy, en el Polideportivo Municipal, tras la proyección del DVD de las Fiestas de la Divina Pastora, y en un ambiente festivo, pastoreño y abarrotado de público, se ha procedido al sorteo de las Romeras Mayor e Infantil de la próxima Romería 2017, y a la proclamación de sus respectivas Damas, siendo su resultado el siguiente:

ROMERA MAYOR:
Gema Pérez Camacho

ROMERA INFANTIL:
Pastora González Daza

DAMAS MAYORES: 
Irene González Tirado
Gema Vasco López
Mª Soledad García Lozano
Azahar Tirado Romero

DAMAS INFANTILES: 
Mª de la O Espinosa Bustamente
Alba Mª López Negredo
Martina Leflet Díaz
Carlota Leflet Díaz
Pastora Jiménez Riaño
Blanca López Pérez

Felicidades a todas ellas y a sus familias

¡Viva la Pastora Divina!
¡Viva la Romería Pastoreña !


Romera Mayor: Gema Pérez Camacho


Romera Infantil: Pastora González Daza










lunes, 12 de diciembre de 2016

Proyección del DVD de las fiestas de la Divina Pastora 2016


Viernes, 16 de Diciembre en el Polideportivo Municipal, a las siete de la tarde.

A continuación tendrá lugar el sorteo de las Romeras Mayor e Infantil 2017, y fin de fiesta con la actuación del grupo musical Quimbao y del DJ Roberto Villarreal. Habrá servicio de bar.

Venta anticipada de entradas en la Casa Hermandad al precio de dos euros.

Organiza: Pontificia y Real Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana.



jueves, 8 de diciembre de 2016

Reorganización de la Confraternidad de Hermandades de la Divina Pastora de las Almas


El pasado 25 de noviembre tuvo lugar en el Convento de Capuchinos de Sevilla, cuna de la Devoción Pastoreña, una reunión convocada por la Secretaría de la Confraternidad de Hermandades de la Divina Pastora de las Almas, que recae actualmente en la Hermandad de Capuchinos y la presidencia en la de Cantillana, para tratar de reorganizar esta Confraternidad.

Esta reunión se fraguó en unas conversaciones mantenidas el 8 de Septiembre en esta villa, estando presentes nuestro Hermano Mayor, y las Hermanas Mayores de San Antonio y de Capuchinos de Sevilla, fijándose entonces esta cita para finales del mes de noviembre.


En ella estuvieron representadas las hermandades pastoreñas de San Antonio, Capuchinos, Santa Marina y la nuestra de Cantillana, excusándose, por motivos laborales, la hermandad de Triana. También asistió una representación de la Comunidad de Hermanos Menores Capuchinos que allí residen.
Durante la reunión, como principio rector de la Confraternidad, se leyeron los Estatutos que fueron firmados en Cantillana el 24 de junio de 2001, que deben constituir la base por la que se regirá esta unión de hermandades, una vez que se adapten a las nuevas Normas Diocesanas, bajo la supervisión y autorización eclesiástica.

La idea fundamental es aunar esfuerzos y entre todas las hermandades, sin distinción de unas sobre otras y, sin ningún tipo de protagonismo ni personalismo vano, continuar con el crecimiento y propagación de la advocación pastoreña, como fieles continuadores de la labor de fray Isidoro de Sevilla.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Viaje a Bollullos Par del Condado


La Hermandad informa que el viaje a Bollullos Par del Condado para visitar la exposición "Divina Pastora a través del Arte", programado para este domingo, se aplaza, por razones meteorológicas, al martes 6 de diciembre con el mismo horario y lugar de salida.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Viaje a la exposición "La Divina Pastora a través del arte"





VIAJE A LA EXPOSICIÓN "LA DIVINA PASTORA A TRAVÉS DEL ARTE"
Domingo 4 de diciembre de 2016.

Salida en autobús hasta Bollulos Par del Condado: 15,30 hs. desde la Puerta de Malara.
Precio: 10 euros.

Organiza: Pontificia y Real Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Comunicado de la Hermandad


La Junta de Gobierno ha decidido aplazar el evento que iba a tener lugar este sábado 26 de noviembre en el Polideportivo Municipal, en el que se tenía previsto proyectar el DVD de las fiestas y celebrar el sorteo de las Romeras Mayor e Infantil, en señal de duelo por el reciente fallecimiento de nuestro hermano Alejandro Ortíz Campos. La nueva fecha de celebración de este acto será comunicada próximamente.

Asimismo la Hermandad quiere agradecer la multitud de condolencias recibidas por la lamentable pérdida de nuestro hermano Alejandro, quien ya estará disfrutando junto a su Pastora Divina en las celestiales praderas de la Gloria.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Trailer del DVD de la Romería de la Divina Pastora

Trailer del DVD de la Romería de la Divina Pastora (2016), que será proyectado en el Polideportivo Municipal, a las seis de la tarde, el próximo sábado 26 de noviembre. Entradas a la venta en la Casa Hermandad.


viernes, 18 de noviembre de 2016

Fiestas pastoreñas 2016


 
PROYECCIÓN DEL DVD DE LAS FIESTAS DE LA DIVINA PASTORA 2016.

Sábado, 26 de noviembre en el Polideportivo Municipal, a las seis de la tarde.

A continuación tendrá lugar el sorteo de las Romeras Mayor e Infantil 2017, y fin de fiesta con la actuación del grupo musical Kimbao y del DJ Roberto Villarreal. Habrá servicio de bar.
 
Venta anticipada de entradas en la Casa Hermandad al precio de dos euros.
Organiza: Pontificia y Real Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana.
 

jueves, 3 de noviembre de 2016

Novena de ánimas


Los días 3 y 4, del 7 al 11, y 14 y 15 de este mes de noviembre se celebrará la Novena de Ánimas en sufragio por los hermanos difuntos de nuestra hermandad, dando comienzo a las 19, 45 horas. El orden de estos cultos que, tendrán lugar en la parroquia, ante la imagen de la Divina Pastora, será el siguiente: rezo del Santo Rosario, letanías a la Divina Pastora, ejercicio de la Novena de Ánimas, Santa Misa y Salve. 


En el mes de los difuntos

Hemos comenzado el mes de noviembre, que en la piedad popular está dedicado a quienes "nos han precedido en el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz". Desde antiguo la Iglesia ha honrado con gran piedad el recuerdo de los difuntos y ha ofrecido sufragios por ellos, pues “es una idea piadosa y santa orar por los difuntos para que sean liberados del pecado” (2 Mac, 12,46)". 

La visita al cementerio y la oración, mortificación y limosna en sufragio de nuestros seres queridos difuntos y también de aquellos que no tienen quien rece por ellos, es una elocuente profesión de fe en la vida eterna y en el dogma de la comunión de los Santos. Con ello manifestamos visiblemente nuestra convicción de que los miembros de la Iglesia peregrina, junto con los Santos del cielo y los hermanos que se purifican en el purgatorio, constituimos un cuerpo, una familia, que participa de un patrimonio común, el tesoro de la Iglesia, del que forman parte los méritos infinitos de Jesucristo, muy especialmente su pasión, muerte y resurrección, y la oración constante de quien "vive siempre para interceder por nosotros" (Hbr 7,25).

A este patrimonio precioso pertenecen también los méritos e intercesión de la Santísima Virgen y de los Santos, la plegaria de las almas del purgatorio y nuestras propias oraciones, sacrificios y obras buenas, que hacen crecer el caudal de gracia del Cuerpo Místico de Jesucristo. Siempre, pero especialmente en el mes de noviembre encomendemos  a las benditas almas del purgatorio y encomendémonos también a ellas pues mucho pueden favorecer nuestra vitalidad espiritual y apostólica.

El mes de noviembre y la Palabra de Dios de estos días finales del año litúrgico nos recuerdan los Novísimos, las verdades últimas de nuestra vida, algo que pertenece a la integridad de la fe católica. Nos invitan además a la vigilancia, que no es vivir bajo el temor de un Dios justiciero  que está esperando nuestros yerros o pecados para castigarnos. Esta actitud de desconfianza y miedo ante Dios, sólo engendra personas obsesivas y escrupulosas, que piensan que Dios es un ser predispuesto contra el hombre, quien debe ganarse su salvación con sus solas fuerzas y luchando contra enormes imponderables.

La vigilancia cristiana es una actitud positiva que tiene como raíz el optimismo sobrenatural de sabernos hijos de un Padre bueno, que quiere nuestra salvación y felicidad y que nos da los medios para alcanzarla. Es concebir la vida cristiana como una respuesta amorosa a Dios que nos ama, que es fiel a sus promesas y que espera nuestra fidelidad con la ayuda de su gracia. La actitud de vigilancia debe penetrar y matizar toda la vida del cristiano, para saber distinguir los valores auténticos de los sólo aparentes. La cultura actual nos impone modos de pensar, actuar y entender la vida que nada tienen que ver con los auténticos valores humanos y cristianos. Es necesaria, pues, una actitud crítica ante lo que vemos, escuchamos o leemos y una independencia de criterio ante los mensajes contrarios al Evangelio que, directa o indirectamente, nos ofrecen algunos medios de comunicación.

La vigilancia es también necesaria para que no se debilite nuestra conciencia moral recta, capaz de distinguir el bien del mal, lo derecho de lo torcido. De lo contrario, la conciencia puede endurecerse hasta perder el sentido del pecado. Medios eficaces para conservar la rectitud moral son la confesión frecuente y el examen de conciencia diario, que tanto pueden ayudarnos en nuestro camino de fidelidad al Señor.

Es necesaria también la vigilancia ante los peligros que pueden debilitar nuestra fe o nuestra vida cristiana. El cristiano no puede vivir en una atmósfera permanente de miedo o de temor, pero tampoco ha de ser un atolondrado, ni creerse invulnerable ante los peligros o tentaciones del demonio. Ha de vivir su vida cristiana con responsabilidad y sabiduría, para descubrir los peligros que pueden poner en riesgo nuestra fe y, sobre todo, nuestro mayor tesoro, la vida de la gracia, que es comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu, que vive en nosotros dando testimonio de que somos hijos de Dios, y que es ya en este mundo anticipo de la vida de la gloria.

Para vivir la esperanza cristiana en la salvación definitiva no hay mejor camino que tomar en serio el momento presente en función de los acontecimientos finales. Este es el estilo de los Santos. De este modo no consideraremos la muerte como una tragedia, sino que la esperaremos con la paz y la alegría de quienes se preparan para el encuentro y el abrazo definitivo con Dios. Que la Santísima Virgen, a la que todos los días decimos muchas veces "ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte", nos cuide y proteja ahora y en la hora postrera de nuestra vida.
       
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla



martes, 1 de noviembre de 2016

Festividad de Todos los Santos y Conmemoración de los Fieles Difuntos

En estos días, los cristianos celebramos dos fechas muy señaladas en nuestro calendario. Cada año, el 1 y el 2 de noviembre, miles de personas celebran la festividad de Todos los Santos junto con la conmemoración de los Fieles Difuntos; una ocasión que nos ha de llenar el corazón de inmensa esperanza, aunque la realidad actual muchas veces se nos imponga, trayéndonos un sentido muy distinto a aquel con el que nuestros mayores celebraban estas fiestas religiosas.

La Comunión de los Santos 
(Catequesis de S.S el Papa Francisco)

Hoy me gustaría hablar de una realidad muy bella de nuestra fe, es decir, la comunión de los santos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que este término hace referencia a dos realidades: la comunión en las cosas santas, y la comunión entre las personas santas (núm. 948). Me centro en el segundo significado: es una verdad entre las más reconfortantes de nuestra fe, porque nos recuerda que no estamos solos sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo. Una comunión que nace de la fe; de hecho el término "santos" se refiere a aquellos que creen en el Señor Jesús, y se incorporan a Él en la Iglesia a través del bautismo. Por eso, los primeros cristianos fueron llamados también "los santos" (cf. Hch. 9,13.32.41; Rm. 8,27; 1 Cor. 6,1).

1 . El Evangelio de Juan dice que, antes de su pasión, Jesús oró al Padre por la comunión entre los discípulos con estas palabras: "Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (17,21). La Iglesia, en su verdad más profunda, es comunión con Dios, familiaridad con Dios, una comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna. Esta relación entre Jesús y el Padre es la "matriz" de la unión entre nosotros los cristianos: si estamos íntimamente inseridos en esta "matriz", en este horno ardiente de amor, entonces podemos llegar a ser realmente un solo corazón y una sola alma entre nosotros, porque el amor de Dios incinera nuestro egoísmo, nuestros prejuicios, nuestras divisiones internas y externas. El amor de Dios también incinera nuestros pecados.

2. Si esto tiene su origen en la fuente del amor, que es Dios, entonces también se da el movimiento recíproco: de los hermanos a Dios; la experiencia de la comunión fraterna con Dios me lleva a la comunión con Dios. Estar unidos entre nosotros nos lleva a estar unidos a Dios, nos lleva a esta relación con Dios que es nuestro Padre. Este es el segundo aspecto de la comunión de los santos que me gustaría subrayar: nuestra fe necesita del apoyo de los demás, especialmente en tiempos difíciles. Si estamos unidos la fe se vuelve más fuerte. ¡Qué hermoso es apoyarse mutuamente en la aventura maravillosa de la fe! Digo esto porque la tendencia a refugiarse en lo privado también ha influido en la esfera religiosa, por lo que muchas veces es difícil buscar la ayuda espiritual de aquellos que comparten nuestra experiencia cristiana.

 Todos las hemos experimentado; yo también, forma parte del camino de la fe, del camino de nuestra vida. ¿Quién de nosotros no ha experimentado inseguridad, desconcierto e incluso dudas en el camino de la fe? Todos hemos experimentado esto, también yo: es parte del camino de la fe, es parte de nuestra vida. Todo esto no debe sorprendernos, porque somos seres humanos, marcados por la fragilidad y las limitaciones; todos somos frágiles, todos tenemos límites. Sin embargo, en estos tiempos difíciles hay que confiar en la ayuda de Dios, a través de la oración filial, y al mismo tiempo, es importante encontrar el coraje y la humildad para estar abierto a los demás, para pedir ayuda, para pedir que nos den una mano. ¡Cuántas veces hemos hecho esto, y después hemos sido capaces de salir del problema y encontrar a Dios otra vez! En esta comunión --comunión quiere decir común-unión--, somos una gran familia, donde todos los componentes se ayudan y se apoyan mutuamente.

3. Y ahora llegamos a otro aspecto: la comunión de los santos va más allá de la vida terrena, va más allá de la muerte y dura para siempre. Esta unión entre nosotros, va más allá y continúa en la otra vida; es una unión espiritual que nace del bautismo y no se rompe con la muerte, sino que, gracias a Cristo resucitado, está destinado a encontrar su plenitud en la vida eterna. Hay un vínculo profundo e indisoluble entre los que son todavía peregrinos en este mundo -- incluidos nosotros-- y los que han cruzado el umbral de la muerte para entrar a la eternidad. Todos los bautizados aquí en la tierra, las almas del Purgatorio, y todos los santos que ya están en el Paraíso forman una sola gran familia. Esta comunión entre el cielo y la tierra se realiza sobre todo en la oración de intercesión.

Queridos amigos, ¡tenemos esta belleza! Es nuestra realidad, la de todos, lo que nos hace hermanos, que nos acompaña en el camino de la vida y hace que nos encontremos de nuevo allá en el cielo. Vayamos por este camino con confianza, con alegría. Un cristiano debe ser alegre, con la alegría de tener a tantos hermanos y hermanas bautizados que caminan con él; sostenido por la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que transitan este mismo camino para ir al cielo. Y también con la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que están en el cielo y oran a Jesús por nosotros. ¡Adelante por este camino de felicidad!

     
Conmemoración de los Fieles Difuntos
La tradición de rezar por los difuntos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios. A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos. Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.

La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna.

Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”. (CEC 1479)