Pontificia, Real, Ilustre, Franciscana y Muy Antigua Hermandad del Santo Rosario de la Divina Pastora de las Almas y Redil Eucarístico -CANTILLANA-

sábado, 12 de enero de 2013

Fiesta de las Candelas




FIESTA DE LAS CANDELAS

SÁBADO 2 DE FEBRERO, ALDEA DE LA DIVINA PASTORA


PEREGRINACIÓN DE LA PONTIFICIA Y REAL HERMANDAD DE LA DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS A SU SANTUARIO, PARA CONMEMORAR LA FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO 
Y PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA 

( VULGO DE LA CANDELARIA)
 


A las 5 de la tarde, SALIDA DE LA HERMANDAD PASTOREÑA DESDE LA PLAZA DE LA ALAMEDA para dirigirse al santuario en los Pajares, acompañados por la escuela de Tamborileros de la Hermandad.

A las 7’30 de la tarde, tendrá lugar la presentación y consagración a la Virgen, de los niños de la hermandad nacidos el pasado año, a los que se les impondrá la medalla. Este acto estará amenizado por el Coro de la Hermandad.

Se recuerda que es obligatorio, que los niños estén  bautizados e inscritos en la Hermandad con antelación a esta celebración.

LA JUNTA DE GOBIERNO
CANTILLANA 2013


Triduo al Beato Marcelo Spínola


LA PONTIFICIA, REAL, ILUSTRE, FRANCISCANA Y MUY ANTIGUA
HERMANDAD DEL SANTO ROSARIO DE LA
Divina Pastora de las Almas
Y REDIL EUCARÍSTICO, 
fundada en el año del Señor de 1720 por el V. P. fray Isidoro de Sevilla, erigida y establecida canónicamente, y con la aprobación del Real y Supremo Consejo de Castilla, en la Iglesia Parroquial de esta villa, donde posee capilla propia, adherida espiritualmente con carta de Hermandad a la Orden Capuchina y de la que es Hermano Mayor Honorario S. M. Don Juan Carlos I, Rey de España, celebrará en cumplimiento de sus Reglas
DEVOTO TRIDUO
en honor de su muy querido Hermano Mayor Perpetuo el
Beato Marcelo Spínola  y Maestre,
Cardenal Arzobispo de Sevilla, 
durante los días
 16, 17 y 18 de enero.
Los cultos tendrán lugar en la Iglesia Parroquial de esta Villa, en el altar de la Divina Pastora, dando comienzo a las 7 de la tarde, con el siguiente orden:
Rezo del Santo Rosario, Letanías a la Divina Pastora, Ejercicio del Triduo y Santa Misa.
A la terminación de la Santa Misa se cantará la Salve a la Divina Pastora.

El día 18 se celebrará la FIESTA DEL BEATO MARCELO SPÍNOLA.
A las 7 de la tarde tendrá lugar la
FUNCIÓN SOLEMNE
Oficiada por nuestro párroco y director espiritual el
Rvdo. Sr. D. Fernando I. García Álvarez-Rementería, Pbro.

Al terminar la Santa Misa de ese día, se dará a besar la sagrada reliquia del Beato que custodia esta Hermandad, la cual se hallará expuesta durante los días del triduo a la pública veneración de todos los fieles en el altar de la Divina Pastora.

CANTILLANA                                                                         ENERO 2013

Cabildo General Ordinario



La Pontificia, Real, Ilustre, Franciscana y Muy Antigua Hermandad del Santo Rosario de la Divina Pastora de las Almas y Redil Eucarístico, de Cantillana, celebrará, en cumplimiento de su Regla 30ª, Cabildo General Ordinario, convocando a todos los hermanos mayores de 18 años, el próximo día 19 de enero (sábado) a las 4 de la tarde, en la Iglesia Parroquial, ante la imagen de la Divina Pastora de las Almas, con el siguiente orden del día:

1-     Invocación al Espíritu Santo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria y oración a la Divina Pastora de las Almas.

2-     Lectura y aprobación, si procede, del acta del último Cabildo General Ordinario.

3-     Lectura y aprobación, si procede, de las cuentas del ejercicio anterior.

4-     Lectura y aprobación, si procede, de los nuevos proyectos y presupuestos.

5-     Informe del Hermano Mayor.

6-     Ruegos y preguntas sobre los puntos del orden del día.

7-     Avemaría y canto a la Divina Pastora de las Almas.

jueves, 10 de enero de 2013

La vinculación de la Hermandad de la Divina Pastora con la Orden Capuchina (y II)


Uno de los capuchinos que más ha contribuido a fortalecer los vínculos de la hermandad con la orden seráfica fue el querido fray Claudio María de Trigueros, quien desempeñó, entre otros, los cargos de definidor provincial, superior del convento de Sevilla, director del Seminario Seráfico y maestro de novicios, así como predicador de los Reyes de España. El Padre Claudio fue un incansable bienhechor de la Hermandad de la Divina Pastora, a la que agregó el Redil Eucarístico en 1944. Predicó en infinidad de ocasiones durante sus cultos y promovió la popular romería pastoreña y la erección del santuario de la Divina Pastora en el antiguo olivar de Lapola en Los Pajares, donde reposan sus restos mortales desde 1987.

A través del padre Claudio se vincularon más tarde a la hermandad numerosos religiosos, que asistieron a sus cultos, predicaron las glorias de la Divina Pastora o fueron artífices de importantes hechos. Entre éstos, destacaron fray Romualdo de Galdácano, el padre Sangüesa, fray Ángel de León, fray Buenaventura de Cogollos, provincial de la Bética, y fray Sebastían de Villaviciosa, autor de la letra del Himno a la Divina Pastora y autor de un libro sobre la Virgen del Rocío en el que afirma, hablando de Cantillana, que es el pueblo donde más la quieren como Pastora en el mundo.
Fray Romualdo de Galdácano, F. Claudio de Trigueros
y F. Melchor de Santa Ana, delante del paso de
la Divina Pastora  (Ca. 1945)

Al célebre fray Serafín de Ausejo, miembro de la Academia de Buenas Letras de Sevilla y también provincial de la Orden, se le debe que el insigne farmacéutico franciscano del siglo XVI fray Bernardino de Laredo, autor de importantes obras médicas y religiosas cercanas a la mística, repose al pie del altar de la Divina Pastora en la parroquia cantillanera. Presidió el traslado de los restos desde el antiguo convento de San Francisco y ofició el funeral en 1955. En otras ocasiones también predicó los cultos.

En 1970, durante el pregón conmemorativo del 250 aniversario de la fundación de la hermandad, pronunciado por el académico Francisco Montero Galvache, representó a la Orden Capuchina fray Daniel de Palencia, autor de un interesante artículo sobre la devoción pastoreña en Cantillana publicado ese mismo año en El Adalid Seráfico.

En cuanto a los capuchinos contemporáneos, son de grata memoria en la historia de la hermandad fray José María de Pozoblanco, padre provincial; fray Juan Bautisita García, fallecido hace algunos años en la capilla de San José en Sevilla; fray Javier Azcona, que vino de Zaragoza a predicar la novena; fray Guillermo Pablos Escanciano, superior del convento de Medinaceli de Madrid; fray Luis Mena Clemente; fray Esteban Mena Cabello; fray Alfonso Ramírez Pedrajas; fray Carlos Cañete Castro y fray Francisco Luzón Garrido, los tres ministros provinciales de Andalucía; fray Rafael Pozo Bascón, fundador de la asociación Paz y Bien y de la Fundación Tutelar Tau; fray José Antonio Márquez, misionero capuchino en Guatemala, que predicó la novena de 2001 y regaló a la hermandad una imagen indígena de la Divina Pastora en terracota; fray Ricardo de Córdoba, prestigioso orador que cantó las glorias de la Pastora de Cantillana en varias ocasiones; fray Juan Jesús Linares Fernández, quien impuso el nuevo cayado de oro de la Divina Pastora durante la procesión del 8 de septiembre de 2003.

Por último, destacar la figura de dos capuchinos clave en la historia reciente de la congregación cantillanera. Se trata de fray Antonio Ruiz de Castroviejo y Alba, guardián del convento de Jerez de la Frontera; y fray Mariano Ibáñez Velázquez. Fray Antonio, que durante muchos años perteneció a la comunidad de Sevilla, fue el promotor del traslado de los restos de fray Claudio de Trigueros a la ermita-santuario de la Pastora en Cantillana, tramitó la aprobación del título de franciscana para esta hermandad y la concesión, en 1982, de otra reliquia del beato José de Cádiz, colocada en relicario de plata, y de una reliquia del sagrado Lignum Crucis, también en relicario de plata, de la que hizo entrega durante la fiesta de la Santa Cruz de 2001, coincidiendo con la novena.

El padre Mariano, por su parte, fue el responsable de la concesión de la carta de hermandad entre la Divina Pastora de Cantillana y la Orden Capuchina otorgada por el padre general de Roma, y gracias a su intercesión fue posible la visita de fray Aurelio Laita Mañeru, vicario general de a Orden, a Cantillana, donde predicó el triduo de 2003. También desde Roma y a instancias del padre Mariano, llegaron a la hermandad cinco reliquias de Santos precursores de la devoción a la Divina Pastora de las Almas (San Pedro de Alcántara, San Juan de Ávila, San Juan Bosco, San Juan de Dios y Santa María de las Cinco Llagas), así como otra reliquia del Santo Lignum Crucis, fragmento del que se custodia en la Abadía de la Santa Cruz de Roma, todas con sus correspondientes auténticas. En definitiva, la Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana tuvo siempre en fray Mariano de Sanlúcar a un nuevo padre Claudio, pues no ahorró nunca esfuerzos a la hora de responder pronto a las llamadas de esta corporación franciscana y capuchina, de la que ha sido uno de sus grandes benefactores, y gracias al cual, la Orden la ha considerado Hermandad Benemérita y unida espiritualmente a ella.

(Cantillana y su Pastora, nº9)

miércoles, 9 de enero de 2013

La vinculación de la Hermandad de la Divina Pastora con la Orden Capuchina (I)


Desde sus orígenes, la hermandad pastoreña de Cantillana ha estado estrechamente vinculada a la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, sobre todo de la Provincia Bética o de Andalucía. No en balde, fue el insigne fraile capuchino fray Isidoro de Sevilla el iniciador de la devoción y fundador de a congregación cantillanera. Gregorio Vicente Medina y Vicentelo de Leca –su nombre en el siglo- era pariente de los condes de Cantillana, título que a principios del siglo XVIII ostentaban Ángela Dionisia Vicentelo de Leca y su esposo. Por este motivo, no es extraño que el fundador de la nueva devoción capuchina estableciera este culto mariano en la villa de Cantillana, promoviendo a su vez la ejecución del estandarte para la presidencia de los rosarios públicos y la hechura de la imagen de la Divina Pastora, fechada también en estos años y primera que se realizó completa.

Desde fray Isidoro hasta nuestros días, muchos han sido los religiosos de esta orden franciscana relacionados con la Hermandad de la Divina Pastora, en la que ha ido calando el espíritu franciscano con el paso de los siglos, recogido incluso en la propia denominación oficial de la institución.

A la muerte de fray Isidoro de Sevilla, el beato Diego José de Cádiz continuó su labor de propagar la devoción a la Divina Pastora por toda la geografía andaluza y española, convirtiéndose en uno de los principales apóstoles y predicadores marianos de la época. Algunos historiadores afirman que, durante unas misiones populares celebradas a finales del siglo XVIII por distintas localidades de la ribera del Guadalquivir, el religioso gaditano visitó Cantillana, donde conoció de primera mano y alentó aún más el fervor de los vecinos hacia la Pastora.

Ya en 1900, el insigne capuchino fray Ambrosio de Valencina, fundador de la revista El Adalid Seráfico y provincial de la Orden en Andalucía, escribe un artículo en la mencionada publicación en el que deja constancia de la importancia que tenían ya la hermandad y la devoción a la Divina Pastora en Cantillana. Desde su fundación en 1900, muchos son los religiosos que han descrito el esplendor y el fervor de las fiestas pastoreñas utilizando para ello las páginas de esta revista religiosa.

Entre ellos merece mención especial fray Juan Bautista de Ardales, quien se destacó por su amor a la Virgen bajo el título de Pastora. A él se debe la creación del hoy desaparecido Museo de la Divina Pastora en el convento de Capuchinos en sevilla. Siendo provincial de la Orden, en 1927 visitó Cantillana para oficiar la Función Principal de Instituto el 8 de septiembre y asistir a las fiestas de las que luego diría que el típico rosario de la víspera es algo inenarrable; en la Función de la fiesta de la Pastora ha de predicar uno de los mejores oradores de España y la procesión de la noche con la imagen entre arcos de flores y luces y el clamoreo del fervor del pueblo, es algo tan emotivo y fantástico que se recuerda como un sueño o visión. Prueba de la veneración y afecto de Juan Bautista de Ardales hacia la hermandad de Cantillana es también la entrega que hizo a ésta de una reliquia del beato Diego José de Cádiz el 25 de julio de 1955, coincidiendo con la bendición del nuevo retablo de la Divina Pastora. De este hecho se conserva en el archivo de la hermandad el certificado o auténtica fechado en Roma el 20 de mayo de 1952 y rubricado por el postulador general de la Orden Capuchina.


lunes, 7 de enero de 2013

Colaboración con la obra social y asistencial de las Hijas de la Caridad en Sevilla

El Grupo Joven aportó al comedor social 300 kilos de alimentos.


El pasado 4 de enero, el Grupo Joven de nuestra Hermandad estuvo colaborando, como viene siendo habitual, en el comedor social de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, situado en el barrio de la Macarena en Sevilla. Allí hicieron entrega de 300 kilos de alimentos básicos como leche, azúcar, galletas, etc., así como un donativo en metálico, procedentes de los beneficios íntegros del sorteo de una cesta de navidad, celebrado en el mes de diciembre. Además el grupo allí desplazado estuvo colaborando en todo momento con las religiosas que atienden este comedor, ayudándolas a repartir alimentos, fregando la cocina, sirviendo la comida, y en todas las tareas que se les requirió, por lo que quedaron profundamente agradecidas con nuestros jóvenes.

Esta labor social la viene realizando el actual Grupo Joven desde hace tres años, y es una muestra más de su integración y compromiso con nuestra Hermandad, de la que es un pilar fundamental desde el primer momento, llevando a cabo con sus propios recursos, en estos momentos de crisis económica, otros proyectos como la realización de los arcos de la calle Iglesia, la restauración y reposición de piezas de la arquitectura efímera de Martín Rey, la mesa hidráulica del camarín de la Virgen o  la recuperación de los palos de fuego en nuestras fiestas.





domingo, 6 de enero de 2013

Solemnidad de la Epifanía del Señor


Sigamos a los magos


   " Levantémonos, siguiendo el ejemplo de los magos. Dejemos que el mundo se desconcierte; nosotros corramos hacia dónde está el niño. Que los reyes y los pueblos, que los crueles tiranos se esfuercen en barrarnos el camino, poco importa. No dejemos que se enfríe nuestro ardor. Venzamos todos los males que nos acechan. Si los magos no hubiesen visto al niño no habrían podido escaparse de las amenazas del rey Herodes. Antes de poder contemplarlo, llenos de gozo, tuvieron que vencer el miedo, los peligros, las turbaciones. Después de adorar al niño, la calma y la seguridad colmaron sus almas...

    ¡Dejad, pues, vosotros también, la ciudad sumida en el desorden, dejad al déspota comido por la crueldad, dejad las riquezas del mundo, y venid a Belén, la casa del pan espiritual! Si sois pastores, venid y veréis al niño en el establo. Si sois reyes y no venís, vuestra púrpura no os servirá de nada. Si sois magos, no importa, no es impedimento con tal que vengáis para presentar vuestra veneración y no para aplastar al Hijo del Hombre. Acercaos con espanto y alegría, dos sentimientos que no se excluyen...

    ¡Postrándonos, soltemos lo que retienen nuestras manos! Si tenemos oro, entreguémoslo sin demora, no rehuyamos darlo...Unos extranjeros emprendieron un tan largo viaje para contemplar a este niño recién nacido. ¿Qué excusa tenéis para vuestra conducta, vosotros, que os echáis atrás ante el corto camino de ir a visitar al enfermo a al prisionero? Ellos ofrecieron oro. Vosotros dais pan con harta tacañería. Ellos vieron la estrella y su corazón se llenó de alegría. Vosotros veis a Cristo en una tierra extranjera, desnudo ¿y no os conmueve? "


San Juan Crisóstomo (c.345- 407), Homilías sobre San Mateo, VII,5.


       Documental sobre los Reyes Magos




viernes, 4 de enero de 2013

2013, Año para fortalecer nuestra Fe


Queridos hermanos y hermanas: El pasado 1 de enero, celebrábamos la solemnidad de Santa María Madre de Dios, iniciando así el año nuevo de la mano de la Virgen, cuyo papel es insustituible en el misterio de la Navidad.

A ella, que hace posible el nacimiento del Señor, le pido para todos los fieles de la Archidiócesis que el año 2013 sea verdaderamente un año lleno de dones celestiales, que nos ayuden a renovar nuestra vida cristiana. Con palabras de la primera lectura de la Eucaristía de dicha fiesta, os deseo a todos que en el nuevo año, "el Señor os bendiga y proteja, ilumine su rostro sobre vosotros y os conceda su favor; (que) el Señor se fije en vosotros y os conceda la paz" (Núm 6,24-26).

El Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI, va llenar por entero el año que estamos iniciando. Dios quiera que sea para todos los cristianos de la Archidiócesis un verdadero acontecimiento de gracia, que nos permita fortalecer nuestra fe en Jesucristo, lo único que hace posible construir nuestra vida sobre roca. Él es quien da estabilidad y consistencia  a nuestra vida. Efectivamente, la fe ilumina la vida del creyente, la transforma, la  llena de plenitud, de hermosura y de esperanza, porque el hombre está hecho para Dios.

La fe es ante todo adhesión personal del hombre a Dios y asentimiento libre a las verdades que Dios nos ha revelado y la Iglesia nos enseña. La fe es saber y confiar. La fe, pues, tiene dos dimensiones: una de orden intelectual y otra de orden afectivo. La primera nos exige creer, aceptar los misterios que Dios nos ha revelado por medio de la palabra de su Hijo interpretada por la Iglesia, basándonos en la autoridad de Dios. Este aspecto, siendo relevante, es menos importante que el segundo. Muchos de nosotros no tenemos grandes dificultades para admitir las verdades que la Iglesia nos propone: la divinidad de Cristo, la resurrección de la carne y la vida eterna, la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía o la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen.

Pero siendo importante esta dimensión, lo es más la segunda: la entrega personal a quien nos pide esa adhesión, es decir, la donación incondicional, radical, absoluta e irrevocable a Dios que se nos ha manifestado en Jesucristo. Este es el sentido más pleno de la palabra fe. Pues bien, sólo por medio de una fe así, por la que el hombre entra en comunión con Dios, estableciendo un vínculo de confianza, de amistad y de obediencia a su santa ley, nuestra vida encuentra su verdadero sentido, su más verdadera plenitud. Como afirma el Papa Benedicto XVI, “Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: sin el Creador la criatura se diluye”

La fe es don de Dios, un don gratuito que cada día debemos impetrar. Necesitamos pedirla como los Apóstoles, que mediada la vida pública, piden a Jesús: “Señor, auméntanos la fe” (Luc 17, 5), o como el padre del muchacho epiléptico que dice a Jesús: “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe” (Mc 9,24). Necesitamos la fe de Tomás, que arrodillado ante Jesús, exclama: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28). Necesitamos la fe de la hemorroísa, que no atreviéndose a pedir a Jesús que la cure, trata de tocar siquiera el borde de su manto, y a la que Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y que se te cure todo mal” (Mc 5,34). Necesitamos la fe de Pedro, que confesa a Jesús como el Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios vivo (Mt 16,16) y que dice a Jesús: “Señor, a quién iremos. Solo tú tienes palabras de vida eterna”  (Jn 6,68).

La fe aumenta, crece y se mantiene en el trato con Dios. En la oración, el Señor va derramando en nuestros corazones, con el poder de su Espíritu, una especie de afinidad con la verdad revelada. La fe que necesita ser alimentada en la oración, necesita también ser cultivada y formada. Necesita además ser refrendada por las obras. La fe sin obras es una fe muerta. Esto quiere decir nuestra fe tiene que reflejarse en la vida. A veces los cristianos somos tan pobres y tan abandonados que se produce en nosotros un divorcio entre la fe y la vida. Pero cuando falta la coherencia entre lo que se cree y lo que se vive, antes o después la fe se va tornando mortecina hasta apagarse.

Que el Señor conceda en este año a los cristianos de Sevilla una  fe madura, sólida y bien formada, una fe viva que se trasluzca en la vida, una fe apostólica, dispuesta siempre a anunciar a Jesucristo como única fueente de esperanza para el mundo. Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición. Feliz año nuevo, feliz día de Reyes. Feliz y fecundo Año de la Fe.


+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

miércoles, 2 de enero de 2013

"Cantillana y su Pastora" en Twitter

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martes, 1 de enero de 2013

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios


“ Vienes a salvarnos, Señor. Haz que sepamos acogerte con el amor profundo de Santa María, Divina Pastora de las Almas, y San José;  y que bajo tu signo y el anuncio de la paz eche a andar el año recién estrenado”

María Virgen, Madre y Pastora de todos.
Las enseñanzas de las Sagradas Escrituras y del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia pueden ayudarnos a comprender el significado teológico y misterioso que la Santísima Virgen María tiene en la comunidad de los fieles creyentes. Cristo, único Mediador, estableció en este mundo su Iglesia Santa, comunidad de fe, esperanza y amor, como organismo visible que camina al encuentro del Padre... y no duda en atribuir a María el honor de Mediadora recomendándola al corazón de sus fieles para que, apoyados en su protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador (Lumen Gentium, 2; 62).

En ocasiones, en nuestro lenguaje coloquial manifestamos concepciones de la Iglesia que poco tiene que ver con las afirmaciones del Concilio. Para unos, la Iglesia es identificada únicamente con el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos, etc. Como si los cristianos bautizados no tuviéramos nada que ver con ella, realidad pasiva con pocas posibilidades de participación. Otros identifican a la Iglesia como templo, casa de grandes dimensiones en la que nos reunimos para celebrar los sagrados misterios y los ritos litúrgicos y en la que están ubicadas nuestras venerables imágenes, disputándonos la propiedad del lugar en razón a respetables tradiciones. Finalmente, para muchos, la Iglesia no es más que un poder social y político sólidamente constituido que domina en el mundo. Si queremos comprender que María la Virgen es Madre de la Iglesia tenemos que superar esquemas anquilosados y fuera de la verdad teológica eclesial. Hay que beber del magisterio vivo y la tradición bíblica que la misma Iglesia transmite sin cesar.

Cristo, con su muerte y Resurrección, crea un nuevo pueblo de Dios, formado por los que creen en Él, al nacer de nuevo por el agua y el Espíritu Santo (bautismo), nos incorporamos a dicho pueblo (Jn 3, 5-6). Queremos decir que todo fiel bautizado que cree en Jesucristo como su único Señor y Salvador es Iglesia, pueblo de Dios o, como afirma San Pedro, “Somos un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios, y los que antes no eran ni siquiera pueblo, ahora en cambio, son pueblo de Dios” (1 Pe. 2, 9-10).

“  Dios reunió al grupo de los que creen en Jesús y lo consideran el autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz, y fundó la Iglesia para que sea para todos y cada uno signo visible de esta unidad que nos salva” (San Cipriano, Epístola 69,6).

San Pablo habla de la Iglesia como el Cuerpo Místico de Cristo. “Cristo es la Cabeza como todos los miembros del cuerpo humano, aunque sean muchos, forman un solo cuerpo, así los fieles en Cristo, así los fieles en Cristo forman un solo cuerpo” (1 Cor. 12, 1-2). De esta manera, todos somos miembros de su cuerpo y cada uno miembro del Otro (Rom. 2, 5). Afirma Santo Tomás: “ En este cuerpo, la vida de Cristo se comunica a los creyentes, que se unen a Cristo, muerto y resucitado, por medio de los Sacramentos de una manera misteriosa, pero real” (Summa Theologica III, q.62, a 5 ad 1). Si nos fijamos en la simbología bíblica, la Iglesia, todos nosotros, somos en efecto el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo (Jn. 10, 1-10). Rebaño cuyo Pastor será el mismo Dios (Is. 40, 11; Ezq. 34,11). Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a los miembros de la comunidad cristiana, sin embargo, es Cristo mismo el que sin cesar los guía y alimenta; Él es el Buen Pastor y Cabeza de los miembros, dio su vida por nosotros (Jn. 10, 11-15; Lumen Gentium, nº 6).

El Concilio Vaticano II al exponer la doctrina de la Iglesia se centra en Cristo, Hijo de Dios, Nuestro Señor y Salvador, ilumina cuidadosamente la misión de la Bienaventurada Virgen María en la Iglesia, “quien ocupa el lugar más alto después de Cristo y el más cercano a nosotros” (Pablo VI, AAS. 56, 1964, pág. 37). Ella está en la esencia y orígenes de la Iglesia “junto con los apóstoles, antes del día de Pentecostés, perseveraba en la oración unidos junto con algunas mujeres” (Hch. 1, 14). En la tierra fue la excelsa Madre del Divino Redentor, la compañera más generosa de todas y la humilde esclava del Señor.

Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos, los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre. Si fue Madre de Cristo Cabeza del Cuerpo, ella es Madre de cada uno de los miembros que formamos el cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia (Jn. 19, 26-27). Ella, al igual que su Hijo, el Buen Pastor, con su amor de madre cuida como Pastora de los hermanos de su Hijo Jesucristo, que como comunidad peregrina por el mundo vive entre angustias, peligros y esperanzas hasta que lleguen a la patria definitiva: la gloria del Padre. A Ella se la invoca en la Iglesia con múltiples títulos: Abogada, Auxiliadora, Esperanza..., pero el de Pastora le es inherente a su propia naturaleza e identidad, ya que Ella llevó en sus divinas entrañas al Señor y Pastor de la comunidad eclesial. Además, Ella, la fiel servidora del Señor, se identifica con la misión y proyecto servidor de su Hijo.

Hay un salmo en las Sagradas Escrituras (Salmo 23), el del Buen Pastor que cuida de cada uno de nosotros.[...]. “Con Ella nada nos falta” (v.1), va siempre con nosotros, nos acompaña. Eso expresa una actitud de gran confianza, una medicina saludable, consoladora, divina, eficaz ante todas las ansiedades del corazón humano. Nos da seguridad y nos hace habitar en comunión con Dios y los hermanos en unidad y fraternidad. “Con su vara y su cayado” (v.4), defiende al pueblo de Dios de todos los enemigos que constantemente arremeten contra la vida de fe, la vida de comunión entre todos y la debilidad de nuestra humanidad.

“ Aunque pasemos por valles de tinieblas, ningún mal temeremos” (v.4), son muchas las situaciones difíciles y escabrosas que la vida nos pone en el caminar; situaciones a veces incomprensibles y duras de superar, pero Ella está ahí guiando siempre y sosegando nuestro espíritu. Por ello “ en verdes praderas, hierbas frescas, nos hace reposar conduciéndonos hacia fuentes de aguas tranquilas” (v.2). Si nos fiamos de Ella y nos ponemos en sus manos llegaremos a disfrutar de situaciones de paz y felicidad, dirigiéndonos al camino de la verdad, a praderas de amor, justicia, fraternidad y solidaridad; nos hace beber en las fuentes gratuitas de la gracia, de la reconciliación y la vida nueva a la que nos llama, la paz interior y la alegría de sentirnos hijos de Dios y presencia salvadora en el mundo por la acción del Espíritu.

“ Su amor y su bondad nos acompañan todos los días de nuestra vida, por eso habitaré en la casa del Señor por años sin término (v.6). Es el final de la oración de aquel fiel judío que oró al Señor y que para nosotros debe ser la respuesta que tenemos que dar a tanto amor y bondad de madre. Con una devoción y culto agradable a Ella, manteniéndonos unidos en la comunidad cristiana durante todos los días de nuestra vida en una actitud como la suya de colaboración, participación y servicio con todos los que formamos la gran familia de los Hijos de Dios, el Redil Eucarístico que espera participar del banquete del Padre junto con Santa María la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra.

Manuel Moreno Núñez (Cantillana y su Pastora, nº 9)


domingo, 30 de diciembre de 2012

Solemnidad de la Sagrada Familia


El mensaje de la fiesta de la Sagrada Familia

Como ha afirmado el Catecismo de la Iglesia Católica, la vida escondida de la Sagrada Familia en Nazaret permite que el hombre se una a Cristo en los momentos más ordinarios de la vida cotidiana.Todos formamos parte de una gran familia mucho más amplia que la propia familia natural: somos la familia de Dios; somos hijos de Dios y a él nos unimos por la redención de Cristo conforme al designio originario de nuestra creación. La familia es una verdadera "Iglesia doméstica" dentro de la Iglesia universal que es la familia de Dios.

La vida de los orígenes de la Iglesia estaba constituida de familias, como pequeñas islas de vida cristiana, en un mundo sin fe, Es bien seguro que ésta es la situación actual. En la familia se ejerce además el gran mensaje de la "santa" familia de Nazaret: no sólo el amor mutuo, sino la oración y el culto a Dios.

La familia cristiana está potenciada por un sacramento, al que ya se ha aludido brevemente, pero que, en definitiva, significa la máxima facilidad humana para realizar todos los deberes y da todos los recursos del matrimonio, especialmente la comunión de vida, que es indisoluble naturalmente y que se facilita al máximo cuando se es fiel a la gracia de Dios y la participación constante en la Eucaristía, en la comunión sacramental, como fuente de la presencia activa del Espíritu Santo. El ideal del matrimonio es casi inalcanzable y sin fronteras: amarse mutuamente como Cristo ama a su Iglesia. Este ideal tan sublime no se consigue sin la gracia del sacramento y su alimento en la Eucaristía y en la oración.

La familia cristiana no puede vivir cerrada en sí misma. Es necesario abrirse a las necesidades y a las alegrías de los demás. La familia cristiana debe tener una idea clara de los propios deberes: ante todo el bien de los mismos esposos, cuya personalidad se enriquece en la vida común y, luego, como fruto natural en la fecundidad y en el respeto o en el no tener miedo a la vida. La obediencia de los hijos debe ser motivada y espontánea en el amor y ejemplo de los padres. El espíritu de agradecimiento nunca puede faltar en los hijos.

Los padres en la familia deben vivir la generosidad en la educación, en la virtud y en el saber de los propios hijos; deben saber usar de la corrección oportuna. Sobre todo, la familia debe ser la escuela de la formación en la fe y la realidad de poder orar juntos y participar todos juntos en el culto cristiano, especialmente en la celebración dominical de la Eucaristía. Sin duda que es en este punto donde está fallando nuestra sociedad consumista. No se encuentra momento para rezar juntos; para hablar de cosas trascendentes. Se debe dar ejemplo de vida serena y distendida, para proponer o favorecer las vocaciones religiosas; para poder orar juntos.

Todas estas obligaciones, ideales y realidades vivas las encontramos seguramente en el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret. Pero no hay duda que es necesario dar un gran salto en la fe al comparar las condiciones especiales de esta Santa Familia con la cotidianidad de nuestras familias cristianas en el mundo en el que ahora vivimos. De todos modos, si la Sagrada Familia es un ejemplo dificil de imitar, siempre será eficaz su intercesión para que las familias cristianas se enfrenten al mundo actual que, si falla en tantas cosas, es porque fundamentalmente está fallando en el seno de las familias.

Tantas leyes civiles están tocando negativamente la familia y cada día aumentan. Por eso es necesario que la oración de los fieles logre intensificar su santidad espontánea y que sigan en la medida posible como ideal la vida santa de la Familia de Nazaret.

Antolin González Fuente, O.P. 

sábado, 29 de diciembre de 2012

La familia, punto de partida de la Nueva Evangelización


Queridos hermanos y hermanas:

El pasado 26 de octubre, el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización hacia público su Mensaje final al Pueblo de Dios...

En él se afirma que desde los inicios de la vida de la Iglesia, “la transmisión de la fe… ha encontrado un lugar natural en la familia”. Afirma también que en esta tarea han tenido un papel decisivo las madres. Sin desvalorizar la figura paterna y su implicación en la educación en la fe de los niños, han sido sobre todo las madres y las abuelas las que han transmitido a los niños y adolescentes “los signos de la fe, la comunicación de las primeras verdades, la educación en la oración y el testimonio de los frutos del amor”. Añade después el Mensaje que, a pesar de la diversidad de las situaciones geográficas, culturales y sociales, los Obispos del Sínodo han confirmado este papel esencial de la familia en la transmisión de la fe. En consecuencia, “no se puede pensar en una nueva evangelización sin sentirnos responsables del anuncio del Evangelio a las familias y sin ayudarles en la tarea educativa”.

Efectivamente, la familia, primera célula de la sociedad y de la   Iglesia, debe ser el punto de arranque de la Nueva Evangelización. Si “en la familia se fragua el futuro de la humanidad”, como nos dijera  proféticamente el Beato Juan Pablo II (FC 86), “la evangelización, en el futuro, depende en gran parte de la familia” (FC 65). Por otra parte, en la iniciación cristiana de sus hijos en el hogar es cuando los padres cristianos "llegan a ser plenamente padres, es decir, engendradores no sólo de vida corporal, sino también de aquella que, mediante la renovación del Espíritu, brota de la Cruz y Resurrección de Cristo" (FC 9).

Es un hecho constatable que, también entre nosotros, se ha interrumpido la transmisión de la fe en la familia. Muchos padres han dimitido de la obligación principalísima de ayudar a sus hijos a conocer al Señor, iniciarles en la oración, la participación en los sacramentos y los hábitos de piedad, la devoción a la Virgen, el descubrimiento del prójimo y la experiencia de la generosidad. Es una consecuencia fatal de la secularización de nuestra sociedad, en la que los valores religiosos representan bien poco. En este contexto, es urgente que los padres redescubran su misión como primeros evangelizadores de sus hijos, para lo que cuentan con la gracia del sacramento del matrimonio. Por ello, con palabras de los Obispos de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida de nuestra Conferencia, me dirijo a los padres cristianos de nuestra Archidiócesis para exhortarles: “Hablad de Jesucristo a vuestros hijos. Ningún anuncio es más importante para su vida. Introducid a vuestros hijos en el misterio de Cristo, a través de la celebración litúrgica y la oración familiar”.

Los padres cristianos están llamados a transmitir la fe desde las primeras etapas de la vida del niño con la palabra y el ejemplo. Nadie puede suplantarles ni privarles de este sagrado derecho. Ellos deben ser los primeros responsables del anuncio del Evangelio a sus hijos, aprovechando el ritmo de los acontecimientos familiares: la recepción de los sacramentos, la celebración de las fiestas litúrgicas, el nacimiento de un hijo o un acontecimiento luctuoso. De este modo, el testimonio de los padres cristianos precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis. Han de vivir esta hermosa misión con celo infatigable, apoyándose, si es preciso, en las asociaciones y escuelas de padres, que han surgido en los últimos años en el seno de la Iglesia.

En la transmisión de la fe reviste una importancia singular la iniciación en la plegaria. Se trata de un deber específico y fundamental. Los padres cristianos han de ayudar a sus hijos a descubrir progresivamente la paternidad de Dios y a dialogar con Él en el coloquio de la oración. Para ello es importante el ejemplo. Los hijos sólo aprenderán a rezar si lo ven en sus padres y, si en algunos momentos, la familia reza unida. En este sentido, no han perdido vigencia algunas formas de oración tradicionales, que preparan y prolongan el culto celebrado en templo: junto al ofrecimiento de obras por la mañana, la oración de la noche, revisten un carácter auténticamente familiar el rezo del rosario en familia y la bendición de la mesa. La participación de toda la familia en la Eucaristía dominical y en los sacramentos de la iniciación cristiana de sus miembros, será después el signo visible de la autenticidad de su plegaria doméstica.

Pido a la Sagrada Familia de Nazaret que bendiga a todas las  familias de nuestra Archidiócesis para que sean ejemplo de fe y amor, para que sepan transmitir la fe a sus hijos, y para que crezca el amor y la fidelidad de los esposos, muy especialmente de aquellos que pasan por momentos de sufrimiento o dificultad.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

 Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

viernes, 28 de diciembre de 2012

Sorteo del Niño



Ya se encuentran a la venta las participaciones para el sorteo del Niño a celebrar el próximo 6 de enero, en los establecimientos habituales, al precio de 3 euros. Además, también se pueden adquirir décimos del mismo número a 25 euros, en la Casa Hermandad, donde también se pagarán o cambiarán los recibos premiados del pasado sorteo de Navidad, hoy viernes 28 de diciembre y durante los días 2, 3 y 4 de enero en horario de 7 a 9 de la noche.


Los Santos Inocentes y el derecho a la vida


Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo." José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: "Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto." Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: "Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven".  (Mateo 2,13-18)

En este viernes 28 de diciembre celebramos la fiesta de los Santos Mártires inocentes. Es una fiesta de una larguísima y antiquísima tradición dentro de la Iglesia. Tiene su origen, precisamente, en lo que nos narra Mateo hoy en el pasaje evangélico; Herodes, tras averiguar que había nacido en aquellos tiempos Uno que se convertiría en Rey, mandó ejecutar todos los niños menores de 2 años, en toda la región, para así estar seguro que “el supuesto Rey” moriría. A José, mientras dormía, se le apareció el mensajero del Señor y le anunció los planes de Herodes: "Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó tomó a su mujer y al niño y se fue a Egipto hasta que murió Herodes. Mateo nos quiere poner en relación este hecho, al inicio de la vida de Jesús, con la historia del pueblo de Israel en Egipto, según nos cuenta el libro del Génesis. Esta historia tiene un personaje clave, José el hijo de Jacob, el cual fue vendido como esclavo por sus hermanos. Ahora José, el esposo de María, debe ir a Egipto (como fue José, el hijo de Jacob) para que los planes de Dios se cumplan: “Llamé a mi Hijo para que saliera de Egipto”. Jesús saldrá de Egipto hacia la Tierra Prometida, tierra donde nació, pero que tuvo que abandonar por las ansias de poder de Herodes. ¿Hasta donde nos pueden llevar nuestras ansias de poder o reconocimiento?

En la primera carta de San Juan, se desarrolla una idea bien bella: la santidad viene por medio de la aceptación de nuestros pecados. Es decir, si aceptamos nuestras limitaciones, debilidades, pecados… seremos más conscientes de aquello que no va bien en nuestra vida y que tenemos que aceptar para poder cambiar. Si aceptamos nuestra limitación, estamos aceptando al mismo tiempo que Jesús es el Único que puede cambiar nuestra vida. ¿Somos capaces de reconocer nuestras debilidades como puntos
donde Dios nos habla a nuestra propia vida?

Fray José Rafael Reyes González

El derecho a la vida

[...] La doctrina de la Iglesia Católica es clara y no admite interpretaciones a la baja: desde el instante de su concepción, es decir, desde el seno materno hasta su fin natural, la vida debe ser respetada. Además existe una obligación personal y social de defender la vida humana inocente que esté amenazada.

En la Sagrada Escritura encontramos el caso de Caín que mató a su hermano Abel por envidia, y la sangre de Abel clamaba al cielo. Caín tuvo su justo castigo. Tenemos también el caso de Abrahán a quien Dios da un hijo en la vejez y contra toda lógica le pide su sacrificio. Cuando Abrahán levanta su puñal para matar a su hijo Isaac, la mano del ángel lo detiene. Este sacrificio es figura o tipo del sacrificio de Cristo en la cruz. Jesús muere voluntariamente para salvarnos, pero antes, desde lo alto del madero, entre insufribles dolores, se acuerda de sus verdugos : “Perdónales, porque no saben lo que hacen”. Los pueblos cercanos a Israel realizaban sacrificios humanos a Moloc. Sacrificios que Dios detesta. Parece que también los mayas mataban a hombres para aplacar la ira de sus dioses.

Cuando Jesús es detenido en el huerto de los olivos, Pedro sacó una espada y le cortó una oreja a uno de los que iban contra su Maestro, el Señor le obligó a guardar la espada advirtiéndole: “quien a espada mata a espada morirá”.

Los romanos, en sus leyes, defendían la vida humana de los ciudadanos, pero la vida de un esclavo carecía de valor pudiendo los amos acabar con ella impunemente. En Esparta también se defendía la vida humana, pero les suponían una carga los niños que nacían con alguna malformación, que eran rápidamente arrojados por un precipicio.

El faraón de Egipto, no queriendo que el pueblo hebreo creciera y se hiciese fuerte, publicó una ley por la que todos los niños de los hebreos se debían eliminar al nacer. El rey Herodes, ya nos acordamos todos, mandó matar a todos los niños de dos años o menos en la ciudad de Belén para asegurarse eliminar al Mesías.

Con la llegada de Colón al Nuevo Mundo empezó una disputa sobre si los indios eran seres humanos o no. Cuestión importante, pues de ello dependía su existencia. Los teólogos católicos siempre defendieron la vida de esos habitantes y fustigaron los abusos contra ellos como la esclavitud o los malos tratos.

Y estamos en el siglo XXI y seguimos casi igual que siempre. Ahora ya no es el indígena, ahora es el embrión: ¿es ser humano o no es ser humano? Una sociedad que no defienda la vida de los más débiles e indefensos en cualquier etapa, una vida no digna de ser vivida, se hace inhumana, renuncia a avanzar en el conocimiento del misterio de la vida, se hace autodestructiva; ha perdido la ilusión de luchar por mejorar. Se ha apoltronado cómodamente.

El mensaje de la Iglesia es claro: la vida humana es lucha de amor, y sólo los esforzados alcanzan la felicidad, la auténtica tranquilidad.

Fernando I. García Álvarez-Rementería, Párroco y Director Espiritual de la hermandad  (Cantillana y su Pastora, nº 14)

jueves, 27 de diciembre de 2012

Navidad en la ermita



“ Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad” (Miq 7, 14)

Con motivo de la Solemnidad de la Natividad del Señor, el pasado 25 de diciembre, a la una del mediodía, se celebró en el santuario de la Divina Pastora la tradicional Misa Solemne oficiada por el párroco de Cantillana, don Fernando Isidoro García Álvarez-Rementería, cantada por el Coro de nuestra hermandad, y a la que asistió un gran número de fieles y devotos que abarrotaron el templo en esta festividad. Una vez finalizada la misma, quedó expuesta en Devoto Besapiés la venerada imagen del Divino Pastor de las Almas, ante la cual desfilaron cientos de pastoreños durante todo el día para postrarse a sus plantas. 


Ya por la tarde, a las cuatro y media, tuvo lugar un recital de villancicos, que estuvo a cargo de los miembros de la Escuela de Tamborileros de la Divina Pastora, quienes con sus sones romeros pusieron música a esta jornada navideña de verdadera convivencia pastoreña en la aldea de Los Pajares.










" Una estrella cruzó por el cielo
y viendo aquel portal,
en la altura detuvo su vuelo
y fue para los hombres la señal, 
y su luz se fundió 
con el brillo del lindo zagal"




Navidad - diapositivas











                                                                                              Fotografías: Juan Arias Merino

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Recital de Navidad del Coro del Rocío de Sevilla

El pasado domingo 23 de diciembre, como antesala de la Navidad, tuvo lugar en la ermita de la Divina Pastora, un recital a cargo del Coro de la Hermandad del Rocío de la parroquia del Divino Salvador de Sevilla. Allí, en el santuario, centro de las celebraciones del ciclo navideño de la hermandad, se congregó un gran número de pastoreños para escuchar los villancicos, plegarias y composiciones propias de la época navideña, que con aires típicamente rocieros interpretó el coro de esta querida hermandad sevillana.


Pregonero de la Romería del año 2013.
Al finalizar el acto, nuestro Hermano Mayor agradeció la presencia del Coro y de la Hermandad del Rocío de Sevilla, a quienes obsequió con la entrega de un cuadro con la imagen de la Divina Pastora. Asimismo aprovechó la ocasión para informar a  todos los asistentes, de la designación de Ricardo Laguillo Morejón como pregonero de la próxima Romería del año 2013, quien encontrándose presente como Hermano Mayor de su hermandad, allí representada, tomó la palabra y agradeció emotivamente este nombramiento, siendo aplaudido y felicitado por todos los asistentes, quienes, de esta manera, mostraron su satisfacción por esta decisión de la junta de gobierno de nuestra hermandad. Desde aquí también felicitamos a nuestro hermano Ricardo, esperando que nos ofrezca de nuevo un extraordinario pregón de la Romería, como ya lo hizo en los años 1999 y 2006.


















                                                                 Fotografías: Juan Arias Merino y Antonio Miguel Barrera Ramón

lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz, Santa y Gozosa Nochebuena


Queridos hermanos y hermanas:

"Cantad al Señor un cántico nuevo… cantad al Señor, bendecid su nombre". Con estas palabras del salmo 95 nos invitará la liturgia de la Nochebuena a alabar al Señor, a tocar para Él la cítara, a vitorearle con clarines y al son de trompetas, a aclamar al Rey y Señor. No es para menos. Mañana, en la Noche verdaderamente buena y santa, la oscuridad se tornará claridad, las estrellas brillarán con insólito fulgor y, en el silencio sereno de la noche, el ángel nos anunciará una vez más la gran noticia que hace dos mil años oyeron los pastores: "No temáis, os traigo la Buena Nueva… hoy en la ciudad de David os ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor" (Lc 2,10-11). Y volveremos a escuchar los cánticos de los ángeles: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor".

 Es natural que nos regocijemos y felicitemos, pues el Dios eterno, inmortal e invisible, que a lo largo del Antiguo Testamento habla a su pueblo por medio de los profetas, en esta etapa culminante de la historia nos ha hablado por su Hijo, igual a Él en esencia y dignidad, reflejo de su gloria e impronta de su ser (Hebr 1,1-3). Él es su Verbo, el origen y causa de todo lo que existe, la vida y la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,3-9). Él es la Palabra eterna del Padre, que en la Nochebuena se hace carne y planta su tienda entre nosotros (Jn 1,14), para hacernos partícipes de su plenitud, para ofrecernos la salvación y la gracia, para compartir con nosotros su vida divina. "No puede haber lugar para la tristeza -nos dice San León Magno- cuando acaba de nacer la vida... Nadie tiene por qué sentirse excluido del júbilo... [pues el Señor] ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida".

 Misterio de la Encarnación, misterio del nacimiento de Jesús en la cueva de Belén, misterio inefable que nuestros torpes labios apenas pueden balbucear, misterio que en tantas ocasiones queda reducido al sentimentalismo, a la dimensión cultural, folclórica o costumbrista de unas fiestas entrañables de las que rozamos sólo la periferia, sin entrar en su hondón, sin postrarnos de rodillas para exclamar silenciosa y quedamente "Dios se ha hecho hombre", "Dios se ha encarnado por mí".

 Por ello, nuestra primera actitud en estos días no puede ser otra que la admiración, la sorpresa, el gozo y la emoción ante el prodigio, la contemplación larga del don increíble que Dios ha hecho a la humanidad, la adoración rendida ante el Dios que se despoja de su rango y se hace niño, y la gratitud inmensa ante la condescendencia de Dios, ante su amor inaudito, sin límites ni tasas, que hace exclamar al evangelista San Juan: "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito" (Jn 3,16). En la Nochebuena el Dios eterno se hace el encontradizo con nosotros a través de su Verbo. Es justo que le alabemos, y que llenos de emoción, exclamemos con el profeta: "Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que pregona la buena nueva, que dice a Sión: Tu Dios es Rey" (Is 52,7).

 El Dios que nos nace en Nochebuena no es el Dios frío y abstracto de los filósofos. Nace en un pesebre, se hace niño, se mancha con nuestro barro, experimenta la pobreza y la persecución, la alegría y el dolor, la amistad y la traición, la muerte y la resurrección. Es un Dios con rostro humano, que nos ama hasta el extremo, que nos llama a su seguimiento, que espera nuestro amor, y que en esta Navidad quiere nacer en nuestros corazones y en nuestras vidas, para convertirlas, salvarlas, dignificarlas y llenarlas de plenitud y sentido.

 Abramos de par en par las puertas a Cristo, redentor del hombre. Como os decía hace algunas semanas en una carta precedente, en su nacimiento histórico nació en un pesebre, pues José y María no encontraron sitio en el mesón (Lc 2,7). Esta amarga queja de San Lucas sólo es equiparable a esta otra dramática afirmación del evangelista San Juan: "Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron" (Jn 1,11). Que no sea este nuestro caso. Que acojamos en nuestros corazones al Señor que nace. De este modo viviremos la verdadera alegría de la Navidad, fruto del encuentro con Cristo y con los hermanos, la alegría que el mundo no puede dar, que yo deseo a todos los cristianos de nuestra Archidiócesis, sacerdotes, consagrados, seminaristas y laicos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Para todos, ¡Feliz, Santa y Gozosa Navidad!

Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla